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Cultura de la Unidad
Septiembre - 2012


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Chiara, mi hermana (8ª entrega)

Oreste Paliotti


Episodios de la vida menos conocida de Chiara Lubich narrados por su hermano, Gino.

Nueva entrega de la serie de entrevistas realizadas entre 1987 y 1991 a Gino Lubich, hermano mayor de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, con la intención de conocer mejor su personalidad humana y espiritual. –¿Cuáles son tus primeras impresiones sobre la Economía de Comunión que lanzó Chiara durante su viaje a Brasil en 1991? –Creo que la Economía de Comunión (EdC) es la verdadera concreción de la «teología de la liberación», aunque queda por ver si podrá desarrollarse fuera del Movimiento de los Focolares. Es una experiencia piloto, el primer paso, creo yo, para salir de la comunión de los bienes que se practica a nivel interno en el movimiento, y acoplarse a la realidad social en zonas donde hay condiciones de sufrimiento que aliviar con esta iniciativa. Naturalmente, es cierto lo que dice Chiara, que para realizarla se requieren hombres nuevos, pero no hay que pretender que quienes participen en ella pertenezcan necesariamente al movimiento. Si emprendemos este camino, algo se podrá obtener. Ahora bien, será fácil ganarse a los pobres, pero menos a la otra parte [los empresarios]. Pero vale la pena intentarlo. (…) –Empezó en Brasil, pero está despertando interés por todas partes… –Es que no se la puede localizar sólo allí. Antes que nada hay que impedir que muera en Brasil. Allí se la estudiará de un modo particular, pero luego se trata de ver cómo aplicarla. Y ahí entran en juego los técnicos y los expertos. No se puede hacer algo de este tipo sin contar con ellos. Y tienen que ser grandes expertos. La misma Chiara está convencida de ello. Verla tan segura cuando oí su intervención en una reunión en la ciudadela Araceli, con una claridad tal que en ese momento habría jurado que tenía razón, llegó a conmoverme. Y eso que yo no me entusiasmo fácilmente ni, mucho menos, me dejo convencer por la retórica. Luego Chiara tenía que irse a Suiza y al despedirnos, después de darle un beso, le dije: «Deja todo lo demás y sigue adelante [con la EdC]. Éste es el momento; esto es lo más importante. Lo demás seguirá adelante por sí solo». En los focolarinos se ha encarnado tanto la espiritualidad con todo lo demás, que basta ésta para mantenerla viva. Pero la novedad está en esto, es decir, en el paso del núcleo cerrado a la sociedad. La EdC respondería incluso a la angustia del papa Juan Pablo II, el cual ha contribuido de una forma extraordinaria a la caída del muro de Berlín, a la caída de medio mundo, y se ha encontrado ante el otro medio igualmente pecador, es más, peor, porque no tiene el espíritu que animaba al otro. Ése es el drama de este papa. De consecuencia, creo que Chiara, en su pequeña medida, también trata de encontrar un camino, al igual que él, pues hasta ahora el cristianismo ha sido vida sólo de unas élites. Sin duda, el mundo está ante un cambio colosal; sobre todo los países más desarrollados se corrompen progresivamente. Contra esta decadencia se requiere algo completamente nuevo, y la propuesta de la EdC es una posible respuesta empezando por una zona, en este caso Brasil. Así como el movimiento se ha difundido por todo el mundo con muchos focolares, ahora creo que debería difundirse en muchas áreas de economía comunitaria. Es una novedad absoluta, algo que nunca ha existido, pues para los primeros cristianos la comunión de los bienes también era algo interno. Será una empresa enorme y habrá que aceptar los fracasos, pero sin rendirse. –¿Será éste el camino alternativo al comunismo y al capitalismo? –Eso yo no lo sé, pero para una mentalidad capitalista me parece que todavía es demasiado arduo pretender que la gente esté dispuesta a algo así. Lo que Chiara y yo hemos hecho siempre, sin llamarlo comunión de bienes, es tratar de acabar con las desigualdades. Ha sido el problema de mi vida, y ella lo sabe. Si bien al principio era ella quien criticaba el comunismo, luego también lo he criticado yo y he aplaudido su fracaso. Pero la muerte del comunismo ha producido tal desbandada que la gente ya no tiene dónde agarrarse. Han perdido la fe; ese sustituto de la fe que era la ideología ya no lo tienen. Ahora bien, esta orientación de la comunión de los bienes podría ser una respuesta concreta y fascinante. Estoy convencido de que, por lo que respecta al movimiento, hay que pasar a una segunda fase: después de amarse entre quienes han hecho una opción, salir entre la gente, ensimismarse con sus problemas. Chiara me decía siempre: «Verás, cuando llegue el momento, las cosas madurarán. Ahora no sabría cómo orientar las cosas…». Y ella ahora siente (espero que no haya sido una sensación falaz) que allí en Brasil ha llegado el momento; pero por ahora allí. Ahora bien, no basta con eso. Tiene que extenderse por todas partes, ¿no? No es sencillo, pero si no, se corre el riesgo de transformarse en una orden religiosa. El motor tiene que ser siempre la espiritualidad, pero no exclusivamente. Yo espero que nazca algo concreto; si no son los grandes centros industriales con sus chimeneas que Chiara había intuido, al menos empresas, fábricas, cultivos agrícolas de gran desarrollo; y que haya gente que haga comunión de bienes con el movimiento sin que haya ninguna diferencia. Naturalmente habrá enormes dificultades, pues se trata de cambiar la mentalidad de la gente, y cometeremos errores, pero no hay otro cauce para salvar a la humanidad. O el mundo se torna comunitario, o no existirá. Lo han intentado los ateos y les ha ido mal. Ahora, si lo intentan los cristianos de verdad, podría ir bien, porque cuentan con algo más; es decir, en lugar de una ideología, el Ideal de la unidad. Bastaría que surgiera algo concreto y suficientemente visible, y no sólo en Brasil sino un poco por aquí y por allá, porque, tal y como ha sucedido hasta ahora con las ciudadelas del movimiento, habría un testimonio concreto: «¿Veis? No son sólo palabras. Es posible una sociedad sin patrones, sin siervos y sin dictaduras». ¡Ojalá sea verdad! (continúa en el próximo número)


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