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Marzo - 2008


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Dos carismas distintos

Pascual Foresi


Celibato y virginidad/5 Sigamos profundizando en el significado de la donación a Dios según el Nuevo Testamento. Matrimonio y celibato se presentan como dos dones diferentes del Espíritu para hombres mujeres.

El capítulo 7 comienza con este versículo: «En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al hombre abstenerse de mujer» (1Co 7, 1). Como ya sabemos, los corintios habían escrito a Pablo contándole sus problemas, y parece que un fragmento de esa carta era éste: «Bien le está al hombre abstenerse de mujer». Debemos suponer que se trata de una frase de los corintios, y no de Pablo, ya que no está motivada; de lo contrario Pablo hubiese tenido que explicar a los corintios el porqué. Esta actitud nos hace pensar que debía de existir cierta división entre los corintios o que había dos partidos. De hecho, el capítulo 6 cita una frase de ellos: «Todo me es lícito», y a continuación detalla una severa descripción de los abusos1; de lo cual se deduce la presencia de un grupo laxista. En relación a este versículo, quiero recordar el partido de los ascetas, que ponen en duda la bondad del matrimonio. Por otra parte, hay que analizar el significado de la palabra kalòs, que la Biblia de Jerusalén traduce con el giro “bien le está”, mientras que otras otras traducciones prefieren “es cosa buena” o “es bueno”2. Otras traducciones prefieren “es hermoso” (Allo, Walter, Jacono...), pues el puro significado moral de “bien” (o “bueno”) no traduce completamente la palabra griega; se trata de “beldad moral”. Tal vez la mejor traducción sería “excelencia moral”. Y con respecto a “abstenerse”, traduce el giro “no tocar”, de un verbo griego que tiene varios significados, entre ellos el de las relaciones íntimas, aunque no sólo; aquí se trata de las relaciones que pueden afectar a la castidad. Con este primer versículo, Pablo acepta la frase de los corintios: «Bien le está al hombre abstenerse de mujer». De hecho no dice marido (anér), sino hombre (ánthropos), y la palabra mujer (gyné), sin artículo, suena también en sentido genérico. Por lo tanto se trata principalmente, si no exclusivamente, de hombres y mujeres que no están casados, y no tanto de relaciones conyugales. Walter aclara que «es evidente que en aquella época aún no existía un término positivo que designara un estado determinado de vida ni con respecto a la “virginidad”, ni con respecto al “celibato”»3. «No obstante, por razón de la incontinencia, tenga cada hombre su mujer, y cada mujer su marido» (1Co 7, 2). La traducción de la Biblia de Jerusalén dice «por razón de la incontinencia»; pero la palabra griega pomeías es mucho más genérica; es un plural, y ello indica que se refiere al espectáculo frecuente de lujuria y escándalo que existía en Corinto y que ponía en peligro la vida espiritual de los cristianos, al exponerlos constantemente a la tentación. Por eso mismo, Pablo propone el matrimonio estrictamente monógamo. Nos podríamos preguntar por qué Pablo ignora las razones más elevadas del matrimonio y lo rebaja hasta considerarlo solamente como un remedio contra la concupiscencia. Santo Tomás, que también se planteó este problema, explica que en este pasaje Pablo no habla sobre las demás bondades del matrimonio, como la procreación, porque él se ocupa aquí del bien del individuo, y no del bien de la especie humana. Además, hay que tener en cuenta que no se puede sacar todo un tratado sobre el matrimonio de un simple versículo. En necesario leer también la Primera Carta a Timoteo5, y la Carta a los Efesios 5, 25-27. En estos dos primeros versículos Pablo da unos consejos eminentemente prácticos; no afronta aquí un problema teórico sobre la virginidad o sobre el matrimonio. Pablo está escribiendo a los corintios, que vivían en la capital de la diosa Afrodita, en donde el problema de la carne era candente, y les da consejos particularmente adecuados a esa época y a ese lugar, consejos que nosotros conseguimos entender sólo en parte, sin llegar a captar todos sus matices, pues nos falta bastante conocimiento sobre la comunidad real de Corinto, sobre los problemas que ésta tenía y sobre la exposición que hizo de ellos Pablo. «Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra» (1Co 7, 7). La primera parte del versículo 7 presenta una invitación al celibato. Probablemente, en la comunidad de Corinto había varias personas que habrían seguido de buena gana el ejemplo de Pablo. El apóstol parece dirigirse a ellos de forma particular, pero explica que sólo quien posee ese don-carisma puede aspirar a ello. Con respecto al carisma del matrimonio, no todos los estudiosos interpretan la frase en el mismo sentido. Muchos de ellos, sobre todo los católicos, reconocen que aquí se habla de verdadero carisma. Otros exegetas, entre ellos Xavier Léon-Dufour5, afirman que al decir «cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra», Pablo no cataloga el matrimonio entre los carismas, sino que simplemente afirma que la continencia sí lo es; y añade que Pablo, dirigiéndose a los casados, afirma que éstos pueden poseer otros carismas distintos al de la continencia. Para Pablo, el carisma no tiene siempre el mismo sentido. A veces se trata de un don extraordinario gratuito, como los descritos en el capítulo 12 de esta carta o en Romanos 12, 6-8, en donde afirma: «Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad». En cambio, en la Primera Carta a Timoteo 4, 14 («No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros») el carisma posee un significado distinto. Se trata de la gracia del sacramento del orden. De todo ello se puede ver que, para Pablo, la palabra “carisma” no siempre tiene el mismo significado de gracia extraordinaria y excepcional que viene de lo alto, sino también de gracia recibida para el bien común, y ese sentido nos parece que puede ser atribuido tanto al celibato como al matrimonio. Si en 1Co 12, 28 se habla de carismas de asistencia y de gobierno, no hay razón para que no se pueda incluir el matrimonio entre los carismas normales. «No obstante, digo a los solteros y a las viudas: Bien les está quedarse como yo» (1Co 7, 8). «A los soleros», según la interpretación común derivada de la palabra griega agamos (no casado), comprende todas las categorías, tanto las vírgenes, como las viudas o los que son célibes por haber llegado a una cierta edad, así como los separados por el privilegio paulino... hombres y mujeres. Pablo repite aquí: «Bien les está quedarse como yo», sin especificar claramente a qué categoría pertenece él, aunque según la tradición más atendible no era ni viudo ni separado. A este respecto, Xavier Léon-Dufour6 llega a varias conclusiones. Subraya que en el versículo 34 la palabra agamos (no casado) se distingue de parthénos (virgen), cuando Pablo dice que ambos pueden gustar al Señor. Por lo tanto, también en el versículo 8, agamos se diferencia de parthénos. Y concluye que Pablo no examina aquí a los célibes, sino a los hombres que ya no se encuentran ligados a sus esposas. En tal caso no parece improbable que Pablo insinúe en el versículo 8 que él mismo pertenece a la categoría de los que ya no están casados y no son vírgenes. Además, según J. Jeremías, Pablo, en su calidad de rabí autorizado, debería haberse casado a la edad normal de 18 o 20 años, pues el único rabí no casado del que se tiene noticia (hacia el año 100) nunca llegó a ser ordenado rabí; de ahí que Jeremías concluya que Pablo debía de ser viudo. Por su parte, el católico Ph. Menoud sugiere que Pablo, tras su conversión, debió de vivir separado de su mujer, la cual seguiría siendo fiel a la fe judía. Me parece que estas interpretaciones no se sostienen. La interpretación de Léon-Dufour va contra el vocabulario, pues dice que agamos significa simplemente lo opuesto a casado. Ahora bien, si al lado de ese término se distingue un miembro particular, como las viudas en el versículo 8 y las vírgenes en el 34, no es por oposición, sino simplemente para poner de relieve un detalle con respecto al todo, como si fuese un añadido entre paréntesis. En ambos casos, agamos mantiene su significado universal, que comprendería todas las categorías, según su significado léxico. Con respecto a la teoría de Jeremías, se enfrenta a la tradición clásica, que ha interpretado estos versículos como si Pablo fuese célibe. Por otra parte, tenemos tan pocos datos sobre la historia de los rabinos del primer y segundo siglos que no se puede llegar a una conclusión segura. El mismo Manoud considera su interpretación como mera hipótesis. Léon-Dufour sólo encuentra un fundamento para esta última teoría: el interés del apóstol en el “privilegio paulino”. ¿Acaso podría ser una generalización de su propia condición? Creo que las suposiciones sólo confirmadas por hipótesis no demostradas no conducen a ningún resultado. «Pero si no pueden contenerse, que se casen; mejor es casarse que abrasarse» (1Cor 7, 9). El versículo 9 es muy sencillo; repite todo lo que se había dicho en el versículo 2 pero de otra forma. Para Pablo, quien no posee las cualidades naturales y sobrenaturales, o lo que es lo mismo, quien no posee el carisma del celibato, es mejor que se case. Aquí se podría introducir una nueva pregunta: si uno ha comenzado a vivir en la continencia pero se encuentra afectado por graves pruebas, ¿Pablo le aconsejaría dejarlo, o continuar? Se trata de un problema de nuestros días, pero no de Pablo. No parece que él aborde de forma abierta el tema, pues era evidente entonces que quien tenía el carisma del celibato lo mantenía. La Iglesia siempre ha dado esta interpretación citando al propio Pablo. En el concilio de Trento, capítulo 9º, can. 9, se condena a quien afirma que los clérigos que han hecho voto solemne de castidad pueden contraer matrimonio si no sienten el deber de mantener el don de la castidad, aunque se hayan consagrado; y explica que Dios, a aquellos que lo piden rectamente, no les niega la gracia, tal como se dice en 1Co 10, 13: «Y fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito». Estas últimas palabras de Pablo, aun habiéndolas expresado de forma genérica, también dan una respuesta a nuestro caso. (Continuará) 1) «Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré dominar por nada! «La comida para el vientre y el vientre para la comida». Mas lo uno y lo otro destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? (...) ¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo» (1Co 6, 12-18). 2) Interpretando a Pablo, Tertuliano (De Monogamia, III; Pl 2, 981) y Jerónimo (Contra Jovianum, I, 7; Pl 23, 229) pensaron que si todo esto es bueno, el “tocar mujer” es malo. Pero esa interpretación no está en las páginas de Pablo; de hecho él distingue entre el bien y lo mejor. 3) E. Walter, 1ª Lettera ai Corinti, vers. italiana, Roma 1970, p. 151. 4) «Con todo, se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad (1Tm 2, 15). 5) Cf. “Mariage et continence selon Saint Paul”, en A la rencontre de Dieu, Memorial Gelin, Le Buy 1961, p. 323. 6) Op. cit., p. 321.


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