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Marzo - 2008


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Hope, o sea, esperanza

Aurora Nicosia


Desde Liverpool a Roma Fue el 17 de noviembre de 1965 cuando Chiara Lubich se dirigió al público en la catedral anglicana de Liverpool.

Era la primera mujer laica y católica que lo hacía. Ese día anotó en su diario: «Esta mañana hemos cruzado Liverpool. Sus dos catedrales, una anglicana y otra católica, ésta aún en construcción, están unidas por Hope street, la calle de la esperanza». Más de cuarenta años después, el 5 de enero de 2008, es ella quien recibe una visita de Liverpool. Son los representantes de la Hope University, que vienen a otorgarle el doctorado honoris causa en Divinity, que podemos traducir por Teología. Otra vez Hope, o sea, esperanza... Esperanza en un futuro de paz y unidad. Esta universidad inglesa es peculiar en su género, la única en Europa de fundación ecuménica. Y según reza la motivación del doctorado, se reconoce que la obra de Chiara es una importante aportación «en la vida de la Iglesia; en llevar la paz y la armonía a la sociedad; en reunir de manera ecuménica a cristianos de todas las denominaciones; en promover el diálogo y la comprensión interreligiosa». Para entregarlo personalmente, se trasladaron hasta el domicilio de Chiara en Rocca di Papa (Roma) el profesor Gerald John Pillay, vicecanciller y rector de la universidad, su secretaria personal, Patricia Kemble, y el doctor Graham Donelan, secretario de la universidad. Después de un acto sencillo en casa de Chiara, la ceremonia oficial se prolongó públicamente en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo. Desde Liverpool, que este año es capital europea de la cultura, a la “ciudad eterna” para reconocer la aportación de Chiara «al reino de Dios y a la vida de muchos millones de hombres y mujeres de todo el mundo», señala el rector Pillay, que es anglicano, y resalta que «en el contexto de la rarefacta cultura laicista en que hoy vivimos», entre funcionalismo, cientifismo y utilitarismo, rechazo de Dios y búsqueda de la paz «honramos hoy a una mujer extraordinaria que no sólo ha profesado, sino también encarnado los valores cristianos de nuestro tiempo». Y concluye: «Al conferirle este doctorado en teología, reconocemos en ella una “guía”, pues Chiara nunca se señala a sí misma, sino que señala el camino hacia Dios». El mensaje de la neo-doctora lo lee en inglés Joan Patricia Back, que trabaja en el frente ecuménico de los Focolares. Se detiene en el panorama ecuménico actual y subraya los «abundantes signos de optimismo en medio de las tensiones y los problemas»; indica la necesidad de una nueva vía, la del “diálogo de la vida”, que «no se contrapone ni se yuxtapone a lo que realizan los responsables de las Iglesias, sino que es un diálogo constructivo en el que pueden participar todos los cristianos». Y es que, después de tantos años de relaciones ecuménicas, se ve que ésta es la aportación típica de los Focolares. A modo de ejemplo, cita esos lugares donde se vive este diálogo las veinticuatro horas del día: Ottmaring (Alemania), ciudadela fundada junto con la comunidad evangélico-luterana, o Welwyn Garden City (Inglaterra), donde católicos y anglicanos tratan de vivir el Evangelio juntos. «Espero –concluye– que de ahora en adelante podamos colaborar para llevar adelante esta misión que tenemos en común: ayudar a que se realice el testamento de Jesús, “que todos sean uno”». El diálogo con el profesor Pillay nos acerca a los valores que inspiran y forman parte de los fines de la Hope University: ser abiertos y solidarios; vivir seriamente la fe que se profesa; ser hospitalarios, acogedores, alegres, profesionales y llenos de esperanza; tener una formación completa e integrada... (www.hope.ac.uk). –¿Por qué un doctorado en teología a Chiara Lubich? – La Hope University se distingue por una misión y un fin bien precisos. Es una fundación cristiana y quiere honrar a personas que hayan encarnado los valores que nosotros proponemos. En los escritos de Chiara se aprecia que es una verdadera católica, pero habla con convicción, como cristiana que es, a las demás Iglesias, e incluso a los hindúes, a los musulmanes... Para nosotros es un privilegio honrar a Chiara». –En la conclusión de su mensaje, Chiara habla de “poder trabajar juntos”. ¿Qué me dice de esto? –Es todo un reto y creo que un mandato maravilloso. Hemos estado en Italia pocas horas pero ya hemos descubierto qué pasos hemos de dar en el futuro. Ciertamente nos llevamos las experiencias que hemos conocido en Roma; alguna persona de los Focolares participará en el mes de junio en el congreso Big Hope (gran esperanza), que será una conferencia de jóvenes, futuros líderes, procedentes de todo el mundo; luego pensamos poder asistir a la inauguración del Instituto Universitario Sophia en Loppiano. Espero con impaciencia la ocasión de iniciar una colaboración que nos enriquezca mutuamente. Estoy impresionado por la sinergia natural que hay entre el Movimiento de los Focolares y nuestra universidad. –Brevemente, ¿qué ha sido para usted conocer personalmente a Chiara Lubich? –Chiara nos da esperanza a todos nosotros. No veo en ella ningún atisbo de triunfalismo ni egocentrismo. Es una guía que conduce a Dios, y hay pocas personas que posean esto. Ha sido un gran honor, un privilegio poder conocerla». Aurora Nicosia Capital de la cultura Liverpool, gente vivaz Jovial presentación de la capital europea de la cultura. Frank Johnson (New City) Una vez un periódico inglés de gran tirada publicó una serie de cartas de los lectores opinando sobre cuál era la segunda ciudad del país: Birmingham o Manchester. Por población es Birmingham, pero Manchester destaca por su progreso económico. Y alguien de Liverpool escribió esto: “No hay duda, ¡la segunda ciudad es Londres!”. Este chascarrillo define muy bien el típico humor de los scouser (así se llaman los de Liverpool), que hace reír pero además demuestra lo orgullosos que están de su ciudad. Leverpool, conocida en todo el mundo por los Beatles y por su equipo de fútbol, este año es la capital europea de la cultura y espera a millones de visitantes. Y ¿qué van a encontrar? El estribillo de una popular canción quizás dé una pista: In my Liverpool home, we speak with an accent exceedingly rare, meet under a statue exceedingly bare, if you want a cathedral we’ve got one to spare, in my Liverpool home (En mi casa, Liverpool hablamos con un acento muy raro, nos juntamos bajo una estatua muy desnuda, y si queréis una catedral, tenemos una de sobra). El acento scouser al parecer es una mezcla de irlandés y galés. La influencia irlandesa es enorme y se bromea mucho con que Liverpool es la verdadera capital de Irlanda. Y de Gales se puede decir lo mismo; a la vuelta de mi casa hay una capilla presbiteriana galesa donde se usa la antigua lengua celta para los servicios litúrgicos. En cuanto a la “estatua desnuda”, se halla en la entrada de Lewis’s, un negocio donde se suelen citar los amigos. Y por último, hay dos catedrales, una católica, diseñada por un arquitecto anglicano, y otra anglicana, lógicamente diseñada por un arquitecto católico. Se podría añadir que también hay dos equipos de fútbol (Liverpool y Everton), o sea, que también sobra uno. Los guías se divierten preguntando a los turistas qué catedral es la más nueva. Todos dicen que la católica por su estructura de cemento y cristal, pero ésta fue inaugurada en 1967, mientras que la anglicana lo fue en 1974, aunque se empezó a construir en 1904, y es la catedral anglicana más grande del mundo. ¡Imponente! Los católicos querían que la suya fuera más grande, así que en 1927 empezaron los cimientos de una iglesia que iba a ser más grande que la basílica de San Pedro. Pero el dinero sólo dio para la cripta. Ya en 1965 se adoptó el proyecto actual, basado en un diseño adecuado a la liturgia postconciliar. Ambas catedrales distan medio kilómetro y están unidas por Hope Street (calle de la Eperanza). En 1982, Juan Pablo II recorrió a pie esta calle, de una catedral a otra, y en cierto modo se abrió la “vía de la esperanza”, pues durante muchísimos años había habido una visceral animosidad entre católicos y protestantes. Hoy, gracias a dos grandes obispos, Shepperd (anglicano) y Worlock (católico), esa rivalidad ha sido remplazada por una estrecha colaboración. Hace poco, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, predicó en la catedral católica. En fin, que si les interesa la arquitectura, no pueden dejar de ver estas dos catedrales. En el siglo XIX Liverpool era la ciudad más rica de Inglaterra, detrás de Londres, gracias al puerto. Hay que admitir que se amasó mucho dinero con el comercio de esclavos, pero es verdad que gran parte del comercio del imperio británico pasaba por aquí. Hasta los años sesenta, miles de personas trabajaban en el puerto. Luego decayó el comercio con los paí-ses del viejo imperio y además aparecieron los contenedores: un solo hombre y una grúa hacían el trabajo de cien. En sólo treinta años la población de Liverpool bajó de 800.000 a los 400.000 que tiene hoy. Lo curioso es que con un 20% menos en mano de obra que hace cincuenta años, por el puerto pasan muchas más toneladas que entonces. Tras el declive, las vacas flacas: paro, manifestaciones, huelgas... Luego, las inversiones del gobierno Thatcher y de la iniciativa privada transformaron los viejos almacenes en hoteles, apartamentos, tiendas, restaurantes y museos. Todo un complejo de edificios imponentes a orillas del río Mersey. Destacan la Tate Gallery y el museo marítimo. Éste narra con imágenes, sonido y objetos la historia de Liverpool. Muy cerca está el Echo Arena, un estadio cubierto para diez mil espectadores. Y muy cerca también las “Tres Gracias”, tres hermosos edificios: el Cunard, las oficinas del puerto y el Royal Liver, que constituyen una bella estampa para los que llegan a Liverpool por mar. Coronando el Royal Liver están los Liver Birds, pájaros mitológicos que son el símbolo de la ciudad. Dejemos el puerto y adentrémonos en la ciudad por Mathew Street, una calle insignificante de no ser por aquellos cuatro muchachos de pelo largo que tocaban en un local de esta calle, el Cavern Club. Hoy, sobre la entrada del club, una escultura de un famoso artista de Liverpool, Arthur Dooley, recuerda a los “Four lads who shook the world” (cuatro muchachos que han revolucionado el mundo). Han pasado más de cuarenta y cinco años desde el éxito de John, Paul, George y Ringo, pero siguen viniendo miles de personas a visitar los “lugares sagrados” donde están las raíces de los Beatles. Ninguno se quedó aquí, pero al menos sir Paul McCartney nos ha legado el LIPA (Liverpool Institute of Performing Arts), un instituto que da cursos de música y danza modernas, canto y composición. Jóvenes de todo el mundo quieren venir al LIPA y sólo unos pocos lo consiguen. Más adentro llegamos a la biblioteca, con su planetario, y a la Walker Art Gallery. Frente a éstos, el maravilloso Salón S. Jorge, un enorme edificio victoriano que fue sede de la policía y que hoy se usa para conciertos y congresos. Un tesoro escondido que muchos turistas se pierden son los túneles Williamson. Se trata de una serie de galerías construidas entre 1800 y 1840 por el filántropo Joseph Williamson. Nadie sabe por qué las mandó hacer, porque no van a ninguna parte, pero es probable que Williamson sólo quisiera dar trabajo a los desocupados tras las guerras napoleónicas. Merece la pena verlos. Hace cinco años, cuando un comité tuvo que elegir entre varias ciudades británicas la capital europea de la cultura de 2008*, dijeron que se decidían por Liverpool precisamente porque su gente es tan entusiasta y vivaz. Los que nos visiten verán si es cierto o no, pero ciertamente una ciudad no son sólo sus edificios, sino sobre todo su gente. Y Liverpool siempre ofrecerá al visitante una cálida bienvenida, una sonrisa y seguramente una broma. *) Para ver el programa de conciertos, exposiciones y otros eventos, la web oficial es: Desde Liverpool a Roma Hope, o sea, esperanza Fue el 17 de noviembre de 1965 cuando Chiara Lubich se dirigió al público en la catedral anglicana de Liverpool. Era la primera mujer laica y católica que lo hacía. Ese día anotó en su diario: «Esta mañana hemos cruzado Liverpool. Sus dos catedrales, una anglicana y otra católica, ésta aún en construcción, están unidas por Hope street, la calle de la esperanza». Más de cuarenta años después, el 5 de enero de 2008, es ella quien recibe una visita de Liverpool. Son los representantes de la Hope University, que vienen a otorgarle el doctorado honoris causa en Divinity, que podemos traducir por Teología. Otra vez Hope, o sea, esperanza... Esperanza en un futuro de paz y unidad. Esta universidad inglesa es peculiar en su género, la única en Europa de fundación ecuménica. Y según reza la motivación del doctorado, se reconoce que la obra de Chiara es una importante aportación «en la vida de la Iglesia; en llevar la paz y la armonía a la sociedad; en reunir de manera ecuménica a cristianos de todas las denominaciones; en promover el diálogo y la comprensión interreligiosa». Para entregarlo personalmente, se trasladaron hasta el domicilio de Chiara en Rocca di Papa (Roma) el profesor Gerald John Pillay, vicecanciller y rector de la universidad, su secretaria personal, Patricia Kemble, y el doctor Graham Donelan, secretario de la universidad. Después de un acto sencillo en casa de Chiara, la ceremonia oficial se prolongó públicamente en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo. Desde Liverpool, que este año es capital europea de la cultura, a la “ciudad eterna” para reconocer la aportación de Chiara «al reino de Dios y a la vida de muchos millones de hombres y mujeres de todo el mundo», señala el rector Pillay, que es anglicano, y resalta que «en el contexto de la rarefacta cultura laicista en que hoy vivimos», entre funcionalismo, cientifismo y utilitarismo, rechazo de Dios y búsqueda de la paz «honramos hoy a una mujer extraordinaria que no sólo ha profesado, sino también encarnado los valores cristianos de nuestro tiempo». Y concluye: «Al conferirle este doctorado en teología, reconocemos en ella una “guía”, pues Chiara nunca se señala a sí misma, sino que señala el camino hacia Dios». El mensaje de la neo-doctora lo lee en inglés Joan Patricia Back, que trabaja en el frente ecuménico de los Focolares. Se detiene en el panorama ecuménico actual y subraya los «abundantes signos de optimismo en medio de las tensiones y los problemas»; indica la necesidad de una nueva vía, la del “diálogo de la vida”, que «no se contrapone ni se yuxtapone a lo que realizan los responsables de las Iglesias, sino que es un diálogo constructivo en el que pueden participar todos los cristianos». Y es que, después de tantos años de relaciones ecuménicas, se ve que ésta es la aportación típica de los Focolares. A modo de ejemplo, cita esos lugares donde se vive este diálogo las veinticuatro horas del día: Ottmaring (Alemania), ciudadela fundada junto con la comunidad evangélico-luterana, o Welwyn Garden City (Inglaterra), donde católicos y anglicanos tratan de vivir el Evangelio juntos. «Espero –concluye– que de ahora en adelante podamos colaborar para llevar adelante esta misión que tenemos en común: ayudar a que se realice el testamento de Jesús, “que todos sean uno”». El diálogo con el profesor Pillay nos acerca a los valores que inspiran y forman parte de los fines de la Hope University: ser abiertos y solidarios; vivir seriamente la fe que se profesa; ser hospitalarios, acogedores, alegres, profesionales y llenos de esperanza; tener una formación completa e integrada... (www.hope.ac.uk). –¿Por qué un doctorado en teología a Chiara Lubich? – La Hope University se distingue por una misión y un fin bien precisos. Es una fundación cristiana y quiere honrar a personas que hayan encarnado los valores que nosotros proponemos. En los escritos de Chiara se aprecia que es una verdadera católica, pero habla con convicción, como cristiana que es, a las demás Iglesias, e incluso a los hindúes, a los musulmanes... Para nosotros es un privilegio honrar a Chiara». –En la conclusión de su mensaje, Chiara habla de “poder trabajar juntos”. ¿Qué me dice de esto? –Es todo un reto y creo que un mandato maravilloso. Hemos estado en Italia pocas horas pero ya hemos descubierto qué pasos hemos de dar en el futuro. Ciertamente nos llevamos las experiencias que hemos conocido en Roma; alguna persona de los Focolares participará en el mes de junio en el congreso Big Hope (gran esperanza), que será una conferencia de jóvenes, futuros líderes, procedentes de todo el mundo; luego pensamos poder asistir a la inauguración del Instituto Universitario Sophia en Loppiano. Espero con impaciencia la ocasión de iniciar una colaboración que nos enriquezca mutuamente. Estoy impresionado por la sinergia natural que hay entre el Movimiento de los Focolares y nuestra universidad. –Brevemente, ¿qué ha sido para usted conocer personalmente a Chiara Lubich? –Chiara nos da esperanza a todos nosotros. No veo en ella ningún atisbo de triunfalismo ni egocentrismo. Es una guía que conduce a Dios, y hay pocas personas que posean esto. Ha sido un gran honor, un privilegio poder conocerla». Aurora Nicosia Capital de la cultura Liverpool, gente vivaz Jovial presentación de la capital europea de la cultura. Frank Johnson (New City) Una vez un periódico inglés de gran tirada publicó una serie de cartas de los lectores opinando sobre cuál era la segunda ciudad del país: Birmingham o Manchester. Por población es Birmingham, pero Manchester destaca por su progreso económico. Y alguien de Liverpool escribió esto: “No hay duda, ¡la segunda ciudad es Londres!”. Este chascarrillo define muy bien el típico humor de los scouser (así se llaman los de Liverpool), que hace reír pero además demuestra lo orgullosos que están de su ciudad. Leverpool, conocida en todo el mundo por los Beatles y por su equipo de fútbol, este año es la capital europea de la cultura y espera a millones de visitantes. Y ¿qué van a encontrar? El estribillo de una popular canción quizás dé una pista: In my Liverpool home, we speak with an accent exceedingly rare, meet under a statue exceedingly bare, if you want a cathedral we’ve got one to spare, in my Liverpool home (En mi casa, Liverpool hablamos con un acento muy raro, nos juntamos bajo una estatua muy desnuda, y si queréis una catedral, tenemos una de sobra). El acento scouser al parecer es una mezcla de irlandés y galés. La influencia irlandesa es enorme y se bromea mucho con que Liverpool es la verdadera capital de Irlanda. Y de Gales se puede decir lo mismo; a la vuelta de mi casa hay una capilla presbiteriana galesa donde se usa la antigua lengua celta para los servicios litúrgicos. En cuanto a la “estatua desnuda”, se halla en la entrada de Lewis’s, un negocio donde se suelen citar los amigos. Y por último, hay dos catedrales, una católica, diseñada por un arquitecto anglicano, y otra anglicana, lógicamente diseñada por un arquitecto católico. Se podría añadir que también hay dos equipos de fútbol (Liverpool y Everton), o sea, que también sobra uno. Los guías se divierten preguntando a los turistas qué catedral es la más nueva. Todos dicen que la católica por su estructura de cemento y cristal, pero ésta fue inaugurada en 1967, mientras que la anglicana lo fue en 1974, aunque se empezó a construir en 1904, y es la catedral anglicana más grande del mundo. ¡Imponente! Los católicos querían que la suya fuera más grande, así que en 1927 empezaron los cimientos de una iglesia que iba a ser más grande que la basílica de San Pedro. Pero el dinero sólo dio para la cripta. Ya en 1965 se adoptó el proyecto actual, basado en un diseño adecuado a la liturgia postconciliar. Ambas catedrales distan medio kilómetro y están unidas por Hope Street (calle de la Eperanza). En 1982, Juan Pablo II recorrió a pie esta calle, de una catedral a otra, y en cierto modo se abrió la “vía de la esperanza”, pues durante muchísimos años había habido una visceral animosidad entre católicos y protestantes. Hoy, gracias a dos grandes obispos, Shepperd (anglicano) y Worlock (católico), esa rivalidad ha sido remplazada por una estrecha colaboración. Hace poco, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, predicó en la catedral católica. En fin, que si les interesa la arquitectura, no pueden dejar de ver estas dos catedrales. En el siglo XIX Liverpool era la ciudad más rica de Inglaterra, detrás de Londres, gracias al puerto. Hay que admitir que se amasó mucho dinero con el comercio de esclavos, pero es verdad que gran parte del comercio del imperio británico pasaba por aquí. Hasta los años sesenta, miles de personas trabajaban en el puerto. Luego decayó el comercio con los paí-ses del viejo imperio y además aparecieron los contenedores: un solo hombre y una grúa hacían el trabajo de cien. En sólo treinta años la población de Liverpool bajó de 800.000 a los 400.000 que tiene hoy. Lo curioso es que con un 20% menos en mano de obra que hace cincuenta años, por el puerto pasan muchas más toneladas que entonces. Tras el declive, las vacas flacas: paro, manifestaciones, huelgas... Luego, las inversiones del gobierno Thatcher y de la iniciativa privada transformaron los viejos almacenes en hoteles, apartamentos, tiendas, restaurantes y museos. Todo un complejo de edificios imponentes a orillas del río Mersey. Destacan la Tate Gallery y el museo marítimo. Éste narra con imágenes, sonido y objetos la historia de Liverpool. Muy cerca está el Echo Arena, un estadio cubierto para diez mil espectadores. Y muy cerca también las “Tres Gracias”, tres hermosos edificios: el Cunard, las oficinas del puerto y el Royal Liver, que constituyen una bella estampa para los que llegan a Liverpool por mar. Coronando el Royal Liver están los Liver Birds, pájaros mitológicos que son el símbolo de la ciudad. Dejemos el puerto y adentrémonos en la ciudad por Mathew Street, una calle insignificante de no ser por aquellos cuatro muchachos de pelo largo que tocaban en un local de esta calle, el Cavern Club. Hoy, sobre la entrada del club, una escultura de un famoso artista de Liverpool, Arthur Dooley, recuerda a los “Four lads who shook the world” (cuatro muchachos que han revolucionado el mundo). Han pasado más de cuarenta y cinco años desde el éxito de John, Paul, George y Ringo, pero siguen viniendo miles de personas a visitar los “lugares sagrados” donde están las raíces de los Beatles. Ninguno se quedó aquí, pero al menos sir Paul McCartney nos ha legado el LIPA (Liverpool Institute of Performing Arts), un instituto que da cursos de música y danza modernas, canto y composición. Jóvenes de todo el mundo quieren venir al LIPA y sólo unos pocos lo consiguen. Más adentro llegamos a la biblioteca, con su planetario, y a la Walker Art Gallery. Frente a éstos, el maravilloso Salón S. Jorge, un enorme edificio victoriano que fue sede de la policía y que hoy se usa para conciertos y congresos. Un tesoro escondido que muchos turistas se pierden son los túneles Williamson. Se trata de una serie de galerías construidas entre 1800 y 1840 por el filántropo Joseph Williamson. Nadie sabe por qué las mandó hacer, porque no van a ninguna parte, pero es probable que Williamson sólo quisiera dar trabajo a los desocupados tras las guerras napoleónicas. Merece la pena verlos. Hace cinco años, cuando un comité tuvo que elegir entre varias ciudades británicas la capital europea de la cultura de 2008*, dijeron que se decidían por Liverpool precisamente porque su gente es tan entusiasta y vivaz. Los que nos visiten verán si es cierto o no, pero ciertamente una ciudad no son sólo sus edificios, sino sobre todo su gente. Y Liverpool siempre ofrecerá al visitante una cálida bienvenida, una sonrisa y seguramente una broma. *) Para ver el programa de conciertos, exposiciones y otros eventos, la web oficial es: www.liverpool08.com/index.asp (también en español).


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