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Marzo - 2008


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¿Una ciudad? No basta

Anabel Prieto


Chicos por la unidad Llenar de color los rincones grises de la ciudad, en una especie de competición para ver quién da más. Chicos y adolescentes inventan actividades para entretejer relaciones de fraternidad.

Objetivo comprometedor el de conquistar la ciudad guiados por un lema de dos palabras, encajada una en la otra: “ColoreAMOs”. Un campo de acción variado, pero una misma preferencia por los “rincones grises”, que los hay en todas partes. Los protagonistas de este asunto son chicos y adolescentes de los cinco continentes y siguen un método que bien podríamos etiquetar con un principio muy de moda: “piensa globalmente, actúa localmente”. Hace unos años los Chicos por la Unidad tomaron la decisión de ponerse manos a la obra en cada ciudad donde están, porque ahí es donde se juega hoy el reto de la convivencia humana. Su deseo es revitalizar las relaciones entre las personas, entre las instituciones y otros componentes de la sociedad. Un terreno lleno de guijarros y también de posibilidades. Como en cualquier proyecto, hay que tomar las medidas necesarias, pero la espontaneidad propia de la edad da con las ideas más atrevidas, esas que a los adultos les resultan imposibles. Demos la palabra a los muchachos, que quizás parezcan ingenuas, pero que sin duda son sinceras. África En una ciudad de Tanzania, Iringa, un grupo de chicos decidió ir a la cárcel de mujeres. «La primera dificultad que encontramos –cuentan– fue convencer a los vigilantes para que nos dejaran entrar. La segunda fue llevar los regalos que habíamos preparado poniendo nuestras cosas en común: fruta, sal, jabón..., y también nuestras canciones, nuestras experiencias y la Palabra de Vida. Caminamos tres kilómetros hasta allí. Los militares de la entrada estaban armados, ¡y ni una sonrisa! Pero nos acordamos de que tenemos que ver en todos el rostro de Jesús y los saludamos nosotros primero. Entonces dijeron: “No podéis pasar todos”. Y los que entrasen no podían cantar, pero sí que nos dejaron pasar los regalos. A las reclusas les leímos la Palabra de vida y les contamos cómo nos cambiaba a nosotros la vida. Mientras decíamos que Dios ama a todos y que nosotros podemos amarlo a él, hasta los guardias estaban callados y escuchaban. Al final, las reclusas empezaron a cantar y bailar para darnos las gracias; y los carceleros se preguntaban: “¿Quiénes son estos muchachos?”. Volvimos a casa felices y con ganas de seguir coloreando la ciudad». América Cambiamos de continente. Estamos en California. En una escuela de la ciudad de San José se ha puesto en marcha un Club Internacional, donde se respira cada vez más el espíritu de Chicos por la Unidad, para difundir en la escuela el respeto a las diferencias culturales. Había habido algunas desavenencias entre negros e hispanos, por eso los miembros del club promueven actividades que dan a conocer las distintas culturas: el año nuevo asiático, el festival de luz de los indios, el día de los muertos mejicano... Todo culminó con un pequeño espectáculo, con comida incluida, para celebrar una jornada internacional. Fue un éxito y el director quedó muy satisfecho. Un profesor de informática buscó las banderas y algunos hechos históricos de los distintos países de orígen de los alumnos, unos cincuenta. Otra profesora escribió una canción sobre la experiencia de sus alumnos emigrantes; luego la cantaron con el coro de la escuela, que está formado sólo por chicos estadounidenses. Y los miembros del club prepararon platos de todo tipo. El éxito ha sido tal que otra escuela ha pedido al Club Inernacional que los ayude a preparar lo mismo para ellos. Asia Durante cuatro días, Mumbai (India) se ha visto enriquecida con la presencia de chicos cristianos e hindúes de Coimbatore que pertenecen a la asociación Shanti Ashram. Tenían el lema de “Vivir por los demás, al encuentro de los que más sufren”. Así nos los cuentan: «Fuimos a la Casa de la Caridad, donde viven unas cuarenta personas entre niños, inválidos y gente rechazada por su familia. Nos dividimos en grupos para prepararles la cena, limpiar las habitaciones y el jardín y dar de comer a los pequeños. El tercer día nos esperaban en un hospital los niños con cáncer. Hicimos todo lo que pudimos con nuestras canciones y nuestras danzas para que sonrieran. Y sus padres decían cosas como: “Volved otra vez”, “rezad por mi hijo”. El último día, después de la fiesta que hicimos para más de cien huérfanos, era difícil despedirse. Y nuestros amigos hindúes decían: “Les vamos a contar a todos la alegría que hemos sentido estos días”». Europa Nuestro viaje prosigue ahora por Europa. Los Chicos por la Unidad de Austria cuentan: «Una fiesta para otros, no para nosotros. Esos “otros” son personas que viven en los márgenes de la ciudad: refugiados, mendigos, inválidos, ancianos, gente que normalmente está sola y no tiene con quién celebran el fin de año. Por eso, el día de san Silvestre, nos dividimos en grupos y fuimos a un asilo, a un centro para chicos discapacitados y a otro de refugiados. Aquí unos muchachos de Oriente Próximo y de Chechenia nos acompañaron a las habitaciones de varias familias que nos recibieron muy bien. Luego, junto a algunos de los jóvenes refugiados, preparamos unas canciones para la noche. Mientras tanto, otros preparaban la cena para treinta personas que no tienen residencia fija. Una hora antes de lo previsto ya estaban llamando a la puerta: eran treinta y dos y sólo teníamos treinta filetes. Como por arte de magia logramos preparar un plato de carne para el número treinta y uno. ¿Y el treinta y dos? ¡Era vegetariano! A la hora de servir, cada vaso y cada plato era la ocasión para un encuentro. Y al final inmortalizamos ese momento inolvidable con una foto de grupo. Todos teníamos esta certeza: ¡el año que viene repetimos!». En Milán, los chicos han puesto su atención en los gitanos. Y esto es lo que cuentan: «Fuimos a la Casa de Caridad de don Colmega, una fundación que ayuda a los inmigrantes. Pensábamos ayudar en servir la comida o limpiar, pero nos hablaron de un grupo de familias gitanas cuyos hijos tendrían necesidad de nosotros, sobre todo para que sintieran un poco de fraternidad. La primera vez que fuimos, el ambiente tiraba para atrás, pero nos dimos cuenta de que justo nosotros, aunque sólo éramos doce, podíamos cambiar las cosas... Así que pusimos entusiasmo y así empezó esta experiencia hace más de un año. Vamos cada quince días para animar juegos, hacer trabajillos y actividades con quince niños de entre 7 y 13 años. A veces nos ha costado un poco, pero hemos salido adelante venciendo los prejuicios, porque estamos convencidos de que ellos también forman parte de nuestra ciudad». España Aterrizamos en algunas ciudades más cercanas. Desde Las Matas (Madrid) escriben: «Para empezar a colorear nuestra ciudad hemos organizado una jornada deportiva: baloncesto, fútbol, juegos populares... Además de las normas de cada juego, había que cumplir la “regla de oro”. Ha sido estupendo ver las canchas públicas de nuestro pueblo con una nueva tonalidad. Ahora queremos seguir dando color en una residencia de ancianos y preparando un mercadillo para ayudar a los chicos de Camerún». También en Valencia han comprobado que «el deporte es una forma excepcional para construir relaciones que nos acerquen al mundo unido» y ya van por la 3ª edición del “Deporchicos”; además les ha servido para conocer a chicos discapacitados y «valorar mucho más a estas personas y aprender a jugar de manera diferente». “Juega por la paz” es lo que hacen todos los meses en Sevilla con los chicos del Polígono de San Pablo. «Antes de empezar, se lanza un dado con unas caras especiales, por ejemplo, alegrarse de la victoria del otro. Después, jugamos en equipos sin importar la edad ni las habilidades personales. Además, cada mes nos ponemos un lema. El próximo será: “Nos fijamos en el otro para descubrir su riqueza”, y jugando al trivial conoceremos el país de donde vienen los chicos (Marruecos, Corea, Rumanía, Paraguay) y la experiencia que han tenido al llegar a España». “Oxígen-O2” es el nombre del conjunto musical de Chicos por la unidad de Barcelona, que hizo su debut en la cena solidaria de Navidad. «Lo que recaudamos fue para los “Proyectos Dar”, y ahora estamos ensayando para animar el Run4unity». Y los de Murcia nos cuentan que «Hay mucha inmigración, y no sólo de mayores, también muchos niños. Se nos ocurrió ir al parque Floridablanca y organizar juegos con ellos, porque normalmente están allí. Fue superchulo, aunque tuvimos dificultades. Había una feria medieval, estaba lleno de gente y nos daba mucha vergüenza. Al final, los padres nos dieron las gracias y los chicos no querían irse». Y en Caravaca hace ya dos años que van a visitar la residencia de mayores. A lo largo de este tiempo otros chicos, hermanos y compañeros de colegio, se han animado ir. Las personas de la residencia les cuentan un montón de cosas. Normalmente son los chicos los que preparan algo para los mayores (flores, juegos, canciones, teatros), pero otras veces se han encontrado ellos con el regalo de los ancianos. Cambia el continente, el contexto y el lugar, pero no el compromiso de estos chicos dejarse guiar por la luz del Evangelio para colorear con el amor el mundo, empezando por donde es más difícil. RECUADRO El 10 de mayo, sábado, de 16:00 a 17:00 horas en cada huso horario, los Chicos por la unidad organizan la 2ª edición de la carrera de relevos mundial Run4unity: deporte para construir la paz. En la primera edición participaron más de 100.000 chicos en 340 ciudades de 89 países. Los chicos de las Islas Fiji, en el Pacifico, darán inicio al Run4unity a las 16:00 hora local, y a las 17:00, por internet, pasarán el testigo al siguiente huso horario. En 24 horas la carrera llegará a todas las latitudes e intervendrán personalidades del mundo del deporte, de la cultura, autoridades civiles y religiosas. Más información: www.teens4unity.net o escribiendo a: run4unity@es.focolares.org


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