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Marzo - 2008


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Eslovenia, un suplemento de alma

José Garagnani


Presidencia europea El pequeño país alpino afronta la ardua tarea de reflotar los ideales perdidos del viejo continente.

En Lisboa tuvieron que acabar encolando los pedazos de un sueño europeo hecho añicos por culpa de la miopía y el egoísmo de unos países que han borrado de un bayetazo el trabajo realizado durante generaciones. Mientras, en Lubiana, empezaban a festejar el gran evento de que un país pequeño como Eslovenia, que hasta ahora quedaba al margen de la historia, ocupe durante el primer semestre de 2008 la presidencia de la Unión Europea. Y puede hacerlo porque ha quemado etapas para “reingresar” en Europa. Podría ser una buena ocasión para relanzar los ideales que se han ido quedando por el camino a medida que crecía el número de socios, pues Eslovenia ha demostrado que cree en las oportuniades que la Unión ofrece a todos. Lojze Peterle es un diputado esloveno en el Parlamento Europeo, vicepresidente del Partido Popular Europeo. A él le preguntamos cuáles son a su parecer las tareas que Eslovenia ha de afrontar en esta delicada fase. «Para Eslovenia –dice– esta presidencia representa un gran reto y una grandísima responsabilidad. Las prioridades serán conseguir que se ratifique la reforma del acuerdo europeo y llevar a cabo las estrategias que se han propuesto en Lisboa. En segundo lugar, vamos a comprometernos en el tema de la energía y el medio ambiente, también en la ampliación de la Unión hacia los Balcanes, en el diálogo intercultural y en la lucha contra el cáncer. Pero sin duda lo más importante va a ser la cuestión de Kósovo. A este respecto Eslovenia tratará de asegurar el criterio unitario de la política europea, pero al mismo tiempo estaremos atentos a cualquier mejora de las relaciones entre los Estados del sureste de Europa, con vistas a su completa integración en la Unión. »Es muy importante que todos los países de la región, empezando por Croacia, aprovechen esta perspectiva europea que se les ofreció en Salónica en 2003. La ampliación hacia el sureste es estratégica para la estabilidad y la cooperación de toda la Unión. En esa línea organizaremos el diálogo intercultural, poniendo un acento especial en esta región. En cuanto experta en el sureste, o sea, los países balcánicos, y gracias a su propia experiencia europea, Eslovenia puede ofrecer un valor añadido. »Tengo que mencionar de manera especial el objetivo de la lucha contra el cáncer. El cáncer se está convirtiendo en una amenaza cada vez mayor en la UE y requiere una atención permanente y una mayor coordinación del esfuerzo que realizan las instituciones europeas, así como los Estados miembros. El compromiso esloveno será, pues, el de mejorar la prevención. »Con su decisión de entrar en la Unión, Eslovenia se ha sentido más segura política y económicamente. Hace un año adoptó el euro, y en diciembre, al entrar en la zona Schengen, ha dado el último paso para completar su proceso de integración. Con el nuevo acuerdo, Eslovenia espera que la Unión demuestre suficiente espíritu de iniciativa como para que las políticas comunes sean más eficaces. Me refiero a la política exterior, a la de defensa, a la de emigración, a la de energía, a la de seguridad, al cambio climático... También espera que la UE preste más atención a las diferencias de desarrollo que aún hay y que se podrán solventar si se suscita una solidaridad acorde a las necesidades. »Por último, Eslovenia espera que, con la carta de los derechos fundamentales del hombre, esos derechos se pongan más en el centro de la atención y se respeten, también en el futuro, todas las identidades europeas, independientemente de su consistencia numérica». Conservo un recuerdo muy vivo de la vez en que, por motivos de trabajo, allá por los años 50, visité Yugoslavia. De mañana temprano, incluso en días laborables, las iglesias estaban llenas de gente que luego salía corriendo para el trabajo. Y eso que la pesada bota de Tito la tenía contra los católicos yugoslavos. Hoy este pueblo, que ha logrado su independencia, perfila un nuevo horizonte en el contexto de una Unión que va a conducir durante seis meses. ¿Sabrá echar mano de los recursos morales y rescatarlos de su propia historia para afrontar esta difícil tarea? Le planteo la cuestión a Silvester Gaberscek, secretario del ministerio de cultura esloveno. «Ante todo –dice– lo que nos está pasando es el reconocimiento a una nación que ha pasado muchas pruebas pero que ha logrado conservar su identidad gracias a su genuina cultura, que ahonda sus raíces en el cristianismo. Eslovenia ha sido invadida muchas veces por los ejércitos extranjeros y esclavizada por fuertes ideologías, como el nazismo o el comunismo, y sus habitantes siempre han luchado para preservar su cultura. »A causa de la guerra civil, fue especialmente dura la segunda guerra mundial, cuyas dolorosas secuelas aún se notan. Y hoy por hoy, lo que puede ofrecer Eslovenia es la dimensión de la convivencia pacífica y una gran sensibilidad por la libertad y los principios de la democracia, que ya aparecen en la “antigua constitución” de los príncipes de Carincia, en vigor desde el siglo VIII hasta la mitad del siglo XV, y que George Washington tomó como base para la Constitución americana». Hoy en el territorio esloveno se cruzan realidades culturales, sociológicas e ideológicas muy distintas, en medio de una Europa que tiene dificultades para difinir su propia dimensión espiritual. ¿Qué valores pueden aportar los cristianos de este país? «Sin duda el de la perseverancia –responde Silvester–, porque a lo largo de décadas sufriendo pruebas y soportando distintos totalitarismos, ha sabido ser “sal” en ese magma globalizado; y sobre todo ha mantenido encendida la luz de la fe en medio de esta noche de la cultura europea». Se nota en estas sintéticas palabras la inquietud de un pueblo enclavado desde hace un milenio en medio de Europa que ha metabolizado las dos grandes componentes culturales de sus raíces: la de Benito y la de Cirilo y Metodio (así lo habría dicho Juan Pablo II, que vaticinó un futuro de unidad para el continente), y está pragmáticamente asentado en las circunstancias actuales, que pueden parecer angostas, pero no dejan de ser las del mundo posible en que vivimos. De modo que ahí está Eslovenia, pequeña en cifras pero grande por su ímpetu, indicando y afrontando unos problemas en los que, gracias a su larga experiencia, y sobre todo las dolorosas vicisitudes del pasado reciente, puede ponerse al frente de la larga y desganada fila europea. En definitiva, durante este primer semestre seguiremos caminando por un terreno difícil, escarpado y montañoso, pero es un terreno que Eslovenia conoce bien, porque es el suyo. Podemos fiarnos de este joven guía alpino. RECUADRO Los eslovenos a través de la historia Dentro de unos años, aplicando modelos significativos en los estudios del ADN de la población, podremos saber cuántos de los antiguos habitantes (nóricos, ilirios, vénetos, celtas, romanos) quedaron en el actual territorio esloveno tras la migración que se produjo cuando esta región fue ocupada por los eslavos. En el siglo VI, el territorio comprendido entre el Danubio y los montes Alti Tauri, al sur de Salzburgo hasta Trieste, fue ocupado por tribus eslavo-occidentales que llegaron a los Alpes Orientales a través de Moravia. Unas doscientas mil personas vivían entonces en este territorio, tres veces más grande que la actual Eslovenia. Para defenderse de los ávaros por el este y de los bávaros por el noroeste, en torno al 620 se unieron en el ducado eslavo de Carantania, cuyo centro estaba en la llanura de Klagenfurt (Celovec en esloveno), lo que hoy es la Carincia austriaca. En el año 745 los eslovenos se sometieron al dominio de los francos y abrazaron la religión cristiana. Durante mil años el país se vio constantemente empujado por la presión germana hacia el Adriático, pero en el siglo XVI el desenlace fue desfavorable para los eslovenos. Desde entonces quedaron como súbditos de los Habsburgo, hasta que cayó la monarquía del águila bicéfala en 1918. La conciencia nacional eslovena se formó por contraposición al germanismo, y no en el ámbito militar, pues la desproporción era enorme, sino salvaguardando su cultura. Pero defendieron eficazmente con las armas la invasión de Europa Central por parte de los turcos, que llegaron a ocupar Serbia, Bosnia y buena parte de Hungría. Durante la primera guerra mundial se dieron las condiciones para que los serbios realizaser su sueño: extender su reino por todo el territorio al oeste del Danubio, habitado por pueblos eslavos, hasta el río Drava. Así nació Yugoslavia, que después de la segunda guerra mundial y durante casi medio siglo ha sido una república socialista conducida por el mariscal Tito. No sabemos cuántos miles de personas cayeron víctimas de esta revolución, pero el holocausto culminó en el bosque de Kocevje, donde once mil eslovenos cristianos fueron ajusticiados al final de la guerra. Y esta herida seguió abierta durante todo el periodo de Tito. La creciente intolerancia cultural, lingüística, religiosa y nacional causó el desmembramiento del Estado federal, y en 1990 el 95% de la población eslovena optó en referéndum por la independencia. Finalmente, al cabo de casi mil años, el sueño de un Estado soberano esloveno se hizo realidad. Silvester Gaberscek


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