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Junio - 2012


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Hermanos de Europa

Aurelio Molé y Javier Rubio


Tercera edición de «Juntos por Europa» para afrontar los grandes retos de la historia.

En la historia de la Unión Europea hace ya tiempo que se pasó la etapa adolescente del primer amor, la de hormonas enloquecidas. Hoy los ideales europeos de unidad desde el Atlántico a los Urales parecen apagados y pasados de moda. Aún así, se puede seguir soñando; es bueno para la salud. Sobre todo si los que sueñan son muchos y lo hacen con los ojos abiertos. El hecho es que en Europa la fractura entre los pueblos y sus representantes políticos cada vez es mayor: apenas se conoce la labor que llevan a cabo cientos de parlamentarios europeos y, con raras excepciones, casi ni se conoce la identidad de tales parlamentarios. La tercera edición de «Juntos por Europa», que tuvo lugar en Bruselas el 12 de mayo, pretendía justamente ayudar a colmar el vacío existente entre instituciones y pueblos. Les gusta a los movimientos y comunidades cristianas promotores del evento una idea de Europa que corre por vías paralelas: la de la política y la de las personas –los dos centros de una elipse que podrían relanzar Europa–. Un relanzamiento, por otra parte, urgente y necesario. Sin unidad en el Viejo Continente, también política, se muere toda esperanza sobre el papel que Europa podría tener para el mundo entero. A las puertas de la celebración del evento, Severin Schmidt, miembro del comité organizador, dijo: «Somos una minoría creativa y llevaremos a Bruselas los frutos concretos de los movimientos cristianos europeos en ámbitos como el medio ambiente, la economía, la sociedad y la paz». Por su parte, Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, considera que los movimientos cristianos presentes en Europa «tienen un cometido especial en hacer que renazca la pasión y la identidad europea desde los vértices políticos, porque o Europa está unida a la hora de afrontar los grandes retos o desaparece de la historia mundial». Tras las ediciones de 2004 y 2007, celebradas en Stuttgart, esta vez los cristianos de distintas Iglesias que pertenecen a movimientos y nuevas comunidades se reunieron en el Salón Dorado del Square Meeting Center de Bruselas, congregando a centenares de representantes del mundo político, cultural y diplomático europeo, así como del ámbito eclesial. El programa, que en buena parte se pudo seguir por internet, contó con las intervenciones de María Voce, presidenta de los Focolares, que disertó sobre la aportación de los eventos «Juntos por Europa», así como la de Romano Prodi, expresidente de la Comisión Europea, que subrayó la aportación que los movimientos cristianos pueden dar a la Europa de hoy. Notables fueron, por otra parte, las experiencias de estos movimientos relativas a procesos críticos como la integración, la familia, la economía, la tutela de la vida o la ciudadanía activa. Y no faltaron las voces de Oriente Medio, África y Asia sobre el papel de Europa en el mundo. Pero lo realmente nuevo en esta tercera edición de «Juntos por Europa» no ha sido el evento de Bruselas, sino más bien los actos paralelos que han tenido lugar en más de 144 ciudades del continente, una verdadera red formada por miles de participantes que en algunos casos han seguido el evento en directo y en otros casos en diferido, en particular la intervención del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. María Voce, presidenta del Movimiento de los Focolares: «Nos parece que es precisamente el “juntos” lo que puede inspirar a las personas, individualmente o asociadas, en su empeño por una Europa libre, reconciliada, democrática, solidaria y fraterna. No ya un “viejo” continente, sino un continente vivo y vivaz que descubre que tiene un proyecto por realizar y que puede ser un don para el resto del mundo». Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio y ministro italiano de Cooperación Internacional e Integración: «La mayor miseria europea es la falta de esperanza. La historia nos llama a vivir tiempos complejos y difíciles, pero no terribles ni desesperantes. Aún podemos actuar y cambiar. Aunque hay graves motivos de preocupación, debido también al sufrimiento de muchos países europeos en crisis económica, se debe generar un clima de simpatía y solidaridad; tiene que resurgir el sentido del destino común; tienen que renacer los retos sociales». Thomas Römer, presidente del movimiento YMCA de Munich: «Éste es el Evangelio que Europa ha escuchado desde los tiempos de los apóstoles: Jesucristo ha resucitado de entre los muertos. Queremos vivir con él en Europa, escuchar sus palabras y vivirlas. Queremos fundar nuestra vida en Europa sobre la cultura de la vida, sobre la libertad, la misericordia y el amor». Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo: «¿Qué es una civilización europea, qué es una construcción europea si no tiene como base el “otro”? El otro hace que la construcción sea posible, porque se basa en los derechos y deberes de los ciudadanos –de cada ciudadano, sin discriminación alguna– y en el respeto y la integridad de la persona. Y no digo “persona” porque sí. Contrariamente al individuo, que se configura en contraposición a quien no es él mismo, la persona es profunda y esencialmente un ser en relación». Ciudadanos europeos representantes de movimientos y comunidades que quieren vivir el evangelio: cristianos católicos, evangélicos, anglicanos, miembros de las iglesias libres y ortodoxos. Compartir la fraternidad en medio de esta apasionante riqueza de la diversidad ha sido para mí un don de Dios, una privilegiada experiencia humana y religiosa que agradezco por siempre al Movimiento de los Focolares, a través del Movimiento Político por la Unidad con el que me siento personalmente comprometido. Si la propia Europa nace de los principios y valores del humanismo cristiano, hoy, más que nunca, la crisis de Europa solo tiene una auténtica salida: volver a sus principios fundacionales, retomarlos, vivirlos como fuente de fortaleza y de crecimiento desde la unidad. Por eso, fue maravilloso escuchar en el manifiesto de Juntos por Europa 2012 que nuestra fraternidad queda puesta al servicio de la unidad y de la paz en Europa y de toda la familia humana. Hermoso compromiso que asumo desde hoy como el gran patrimonio adquirido en este fin de semana en Bruselas. Los Chicos por la Unidad recogieron el testigo con varios ‘sí’ rotundos: sí a la solidaridad para estar cerca de quien sufre, para que haya menos dolor; sí a la economía justa, para aprender a compartir; sí a la responsabilidad, para llevar más amor a nuestras ciudades y otros síes a la familia, a la creación y a la paz. Juan López Martínez Inspector central de Educación Ministerio de Educación, Cultura y Deporte Manifiesto Juntos por Europa 2012 Somos ciudadanos y ciudadanas europeos, representantes de numerosos movimientos y comunidades, que quieren vivir el Evangelio de Jesucristo. Somos cristianos: católicos, evangélicos, anglicanos, miembros de las Iglesias libres y ortodoxos, procedentes de distintos países y regiones de Europa. No obstante las grandes diferencias por procedencia e historia, hemos entablado amistad y nos une la colaboración fraterna. Hemos experimentado que nuestra diversidad no es un motivo de división, sino que representa una multiplicidad de dones y una fuente de recursos. Juntos hemos visto que la unidad es posible, una unidad que no anula la identidad, sino que por el contrario la refuerza. Así lo imaginaron también los padres fundadores de Europa, unos cristianos que tuvieron el valor de soñar a lo grande, con una visión de unidad tras la tragedia de los totalitarismos, el horror de la guerra y el colonialismo, el infierno de la Shoah y los campos de exterminio. Ante la crisis que atenaza nuestro continente, como cristianos y como europeos creemos que la respuesta no es encerrarse en las reivindicaciones nacionales, en el antagonismo y la contraposición ni en el localismo, ni siquiera en protegerse dentro de los nuevos muros del egoísmo político y económico que separan a unos de otros ya sea dentro de nuestro continente como entre el Norte y el Sur del mundo. Europa necesita más unidad. Si nuestros países, nuestros pueblos, afrontan por separado los retos del mundo globalizado, se verán destinados a la irrelevancia. Europa es un destino y una necesidad para cada uno de nuestros países. Un futuro de paz, prosperidad y justicia sólo se obtiene juntos, mediante el intercambio y la colaboración. Europa, unida en una diversidad reconciliada, realizará la civilización del vivir juntos que hoy el mundo está necesitando. Hoy queremos afirmar con decisión que nuestra fraternidad está al servicio de la unidad y de la paz de Europa y de toda la familia humana. Juntos nos comprometemos aquí en Bruselas, cuna del sueño europeo, por una Europa unida, solidaria y acogedora. Que nuestro vivir juntos entre europeos sea un signo de libertad, justicia y solidaridad. Juntos queremos construir una Europa abierta generosamente a los retos del mundo pobre, que ponga la búsqueda de la paz y del vivir juntos en el centro de sus preocupaciones y de su compromiso. Bruselas, 12 de mayo de 2012


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