Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio y poder registrar el proceso de compra. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las 'cookies', puedes ver nuestra política de cookies, aquí
Política de cookies +
logorevista

Usuario
Contraseña   
Recordar contraseña
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                 

Conozca
nuestros
libros
libro

Cultura de la Unidad
Mayo - 2012


EN ESTE NÚMERO


Suscríbase si quiere tener acceso a la descarga de los pdf de todos los artículos.
Regístrese para poder descargarse dos artículos del número actual y tres de números anteriores al mes.

Chiara, mi hermana (5ª entrega)

Oreste Paliotti


Episodios de la vida menos conocida de Chiara Lubich narrados por su hermano Gino.

Nueva entrega de la serie de entrevistas realizadas entre 1987 y 1991 a Gino Lubich, hermano mayor de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, con la intención de conocer mejor su personalidad humana y espiritual. –A esas alturas te darías cuenta de que estaba naciendo una espiritualidad nueva, ¿verdad? –No. Su dedicación a los pobres, su comportamiento como “juglares de Dios” o “locas del Señor”, ese modo suyo de hacer cosas fuera de lo normal desde todo punto de vista, su ir a contracorriente orientándose a una meta estupenda, yo lo veía en principio como un franciscanismo renovado, como un renacimiento del franciscanismo desde dentro (san Francisco es mi santo preferido). Para mí era evidente, al menos al principio. Ya por entonces pensaba yo mucho en la renovación de la Iglesia, molesto como estaba con la vida burguesa, con la rutina y con el hablar pero no hacer. Y también con una pomposidad que no coincidía con mis parámetros. Pero esta renovación la veía desde el prisma franciscano. –Y luego cambiaste de idea… –Tienes que pensar que entonces los movimientos eclesiales no existían, sólo las organizaciones católicas catalogadas y bendecidas: una era “la pupila del papa”, otra era otra cosa… El hecho de que surgiese de una mujer algo distinto era insólito. Sobre todo, lo que escandalizaba (en el buen sentido) era el hecho de que en esta organización también hubiera hombres. Si se hubiese limitado a las mujeres, no habría significado nada de particular (aparte de la novedad del mensaje). –¿Recuerdas haber oído alguna crítica que se les hiciera? –Cuando en una ciudad pequeña como Trento uno se compromete de verdad, con radicalidad, llega a ser incómodo, porque turba la tranquilidad de la vida cotidiana, y por ello se le ve como a un loco o se piensa que por debajo hay algo más. Yo mismo, por pertenecer a la resistencia, era considerado como un loco desde el punto de vista político; ella, en cambio, lo era desde el punto de vista religioso. Aparte de los que eran indiferentes y no las tenían ni siquiera en cuenta, como si no existiesen, había gente malévola que hablaba de fanatismo, de secta. La verdad es que no encajaban en nada. Molestaba su excesivo entusiasmo de neófitos. Oír repetir «¡qué maravilla!» o «¡estupendo!» no forma parte del esquema mental trentino. Para los seguidores de Chiara esas “exageraciones” no eran tales; eran un modo explosivo de expresar lo que sentían, y no sabían controlarse. Por ejemplo, citaban siempre a Chiara, y eso los demás no lo podían soportar: hablaban de “culto a la personalidad”. Recuerdo haber oído durante una Mariápolis en Val di Fassa ciertas historias que probablemente eran verdaderas, pero tal como las contaban daban una sensación de exaltación, de pseudomisticismo. Y yo pensaba: «¡Esperemos que Chiara se dé cuenta, si no se cargan su reputación!». Te digo que era demasiado, ¡demasiado! Yo estaba alojado en el mismo sitio que el padre Lombardi, al que llamaban «el micrófono de Dios», que había ido a indagar cómo era la situación. Un día que yo estaba entrando en el alojamiento me lo encuentro de frente, que bajaba de la ducha con una gran toalla por encima. Me presento: «Gino Lubich». «¿Pariente?». «Sí». Y me dice: «Ya no puedo más. ¡Son unos pesados!». Posteriormente, las relaciones fueron muy buenas y él llegó incluso a intentar la fusión del movimiento [de los Focolares] con el suyo cuando se dio cuenta de que el Mundo Mejor1 empezaba a hundirse, mientras que en los Focolares había algo más sólido. Provocaba también ciertas críticas la ingenuidad de las focolarinas. Por ejemplo, a ese pequeño focolar de la plaza de los Capuchinos (en aquel tiempo aún no existía el término «focolar») ellas lo llamaban «la casita del amor». En su candidez, no se les pasaba por la mente que ese nombre podía ser equívoco. Su suerte fue que el obispo siempre las defendía. Más o menos éste era el “ambiente”. En cambio, se unían al movimiento los que podían experimentar cómo eran de verdad las cosas, pero no eran muchos. De hecho, durante mucho tiempo Trento estuvo “sorda” respecto al movimiento. Sólo en años posteriores hubo una respuesta, un despertar. –Después de dejar Trento, ¿cuáles fueron tus contactos con Chiara? –En 1948 yo trabajaba en Milán como responsable del departamento de extranjero en L’Unità2, mientras que Chiara ya se había trasladado a Roma. De vez en cuando iba a verme Natalia3; y una vez también Chiara. Fue cuando me iba a casar, pero el párroco se negaba a que me casase por la Iglesia porque era comunista. Eran otros tiempos. La Iglesia de entonces condenaba decididamente el comunismo. Pero Chiara me echó una mano. «Entonces, ¿qué vas a hacer?» me dijo. «Me caso por lo civil». «¡Ah, no!». «Pues, ¿qué hago si no? ¿Convivo?». «No puedes; no debes». Recuerdo que después de hablar nosotros, Chiara mantuvo una conversación con el director de L’Unità, que era Davide Lajolo: fue un duelo dialéctico muy hermoso entre ellos dos. Al regresar a Trento, fue a ver al obispo y obtuvo el permiso para que me casase por la Iglesia. El obispo habló con el anciano párroco de Piè di Castello, que entre otras cosas iba a menudo por la sede del partido y jugaba a las cartas de vez en cuando. Me presenté a él con Bruna, y tras las preguntas de rigor a las que respondí muy bien, me dijo: «Mire, aquí no puedo casarles, pero tengo el permiso del obispo para hacerlo en la iglesia de Santa María la Mayor, con tal de que no llaméis la atención. Venid a las siete de la mañana vestidos como un día cualquiera para que nadie sospeche que sois recién casados…». En fin, que hizo que me casase clandestinamente. Era febrero (¡hacía un frío!) y mi testigo fue el comendador Alvino, a cuya esposa le llamaban “frate Jacopa”. En la puerta, en la oscuridad de la noche que ya se iba disipando, me esperaban Natalia y otras dos focolarinas con Igino Giordani. Entramos, se cerró la puerta y la ceremonia fue muy rápida. Recuerdo que el sacristán encendía las menos velas posibles; y luego nos hicieron salir por detrás de la sacristía para que nadie nos viera4. –¿Fue entonces cuando conociste a Igino Giordani? –Sí, con ocasión de la boda. Yo le conocía sólo de haber leído algún libro suyo, como La città murata, una novela difícil, o de cuando escribía en los periódicos, como Il popolo, antes de que el fascismo los cerrase. Posteriormente, cuando me trasladé a Roma, le volví a ver varias veces. –¿Te habló alguna vez de cómo veía él a Chiara? –Creo que él fue quien la comprendió mejor que nadie. Y también Chiara sentía una auténtica veneración por Igino Giordani, un sentimiento especial, como si estuviese delante de un maestro. Cuando lo citaba era como si citase a un profeta. (continúa en el próximo número) 1) «Mondo Migliore» en italiano, movimiento fundado por el padre Lombardi. (ndt) 2) Periódico del Partido Comunista Italiano. (ndt) 3) Natalia Dallapiccola, primera compañera de Chiara Lubich. (ndt) 4) La boda tuvo lugar el 15 de febrero de 1950 . “Frate Jacopa” fue una de las primeras benefactoras de Chiara Lubich en Roma.


Deja aquí tu comentario


Introduce los caracteres que ves en la imagen

Numeros aleatorios Recargar imagen





BUSCADOR
¡¡La búsqueda no ha producido resultados!!
Modos de acceso

De forma gratuita


Acceso a cinco artículos cada mes: dos de la revista del mes en curso y tres de revistas anterior, a su elección
logoIntroduzca los datos para el registro












Suscripción


Recepción de la revista en papel en su domicilio y acceso online a todos los artículos de las revistas

Solicitud de suscripción a la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados.



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población




Teléfono de contacto


E-mail



Contraseña



Repita Contraseña



Suscripción anual:
España: 47 €
Otros países: 57 €

Otras suscripciones anuales:
Colaborador: 60 €
España, 5 revistas: 180 €


Forma de pago
Domiciliación bancaria
Giro Postal
Transferencia
Paypal
Pago con tarjeta


Comentario



Acepto los siguientes términos y condiciones: En cumplimiento de lo establecido en el art. 5 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, procedemos a informarle de que sus datos serán incorporados a un fichero informatizado de datos personales con fines comerciales y promocionales, incluida la publicidad por medios electrónicos que puedan ser de su interés, cuyo responsable es Editorial Ciudad Nueva con domicilio en José Picón, 28 - 28028 Madrid y tiene derecho de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los datos que sobre usted figuren en el mismo.


Su solicitud de suscripción ha sido enviada.
Nos pondremos en contacto con usted
Muchas gracias

Enviaremos tres ejemplares a su dirección para que conozca la revista

Conozca la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados para que podamos enviarle tres ejemplares de la revista a su dirección .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario




Recomiende la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulariocon los datos de la persona a la que quiere que le enviemos tres ejemplares de la revista para que la conozca .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario








Editorial Ciudad Nueva
C/ José Picón, 28
28028 Madrid (España)
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2015 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
facebook