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Mayo - 2012


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Nueva evangelización

Mª Dolores Redondo


De cara al próximo sínodo de obispos, que versará sobre la nueva evangelización, unas reflexiones sobre el documento preparatorio.

Octubre de 2012 será un mes importante para la Iglesia universal. Se celebrará la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos de la Iglesia Católica, dedicado al tema de la Nueva Evangelización. Los puntos a tratar, recogidos en un documento (lineamenta), se han trabajado durante meses en distintos ámbitos de la Iglesia, a fin de que la diversidad de culturas en los que la fe cristiana se encarna pueda enriquecer a todos, dando criterios objetivos desde una visión de la realidad social actual. Es el documento al que nos referiremos a lo largo de este artículo. Vera Araújo, brasileña, licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona y en Sociología por la de Florencia, y responsable del diálogo con la cultura contemporánea en el Centro Internacional del Movimiento de los Focolares, nos ofrece algunas pautas para entender mejor este sínodo. «Como en los primeros tiempos del cristianismo –dice Vera–, también los cristianos de hoy nos encontramos ante grandes cambios y grandes desafíos. Han saltado por los aires los equilibrios y los puntos de referencia. Vivimos aplastados por el presente y en la improvisación. Esto hace más difícil compartir valores sobre los que construir el futuro. Por eso el sínodo toma en consideración a cuantos se han alejado de la Iglesia en los países de antigua tradición cristiana y a quienes les ha sido anunciado el Evangelio en los siglos recientes pero aún no están en condiciones de transformar su vida personal, familiar y social. »Fue Juan Pablo II –prosigue Vera– quien comenzó a hablar de la necesidad de una nueva evangelización. Dirigiéndose a los obispos latinoamericanos el 9/3/1983, les dijo: “La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá pleno significado si es un compromiso vuestro (…); compromiso no de reevangelización, sino de una nueva evangelización”. El papa Wojtyla siguió explicando este tema que la Iglesia vuelve a lanzar hoy con fuerza. Se trata de un esfuerzo de renovación para estar a la altura de los desafíos que el contexto social y cultural pone a la fe cristiana, a su anuncio y a su testimonio, como consecuencia de grandes cambios. “Se trata de revitalizar el cuerpo de la Iglesia, a todos sus miembros, para que con la fuerza del Espíritu y del Señor Jesús pueda encontrar caminos nuevos capaces de hablar a las culturas de hoy para anunciar el Evangelio” (nº5). No se trata, pues, de una crítica a la evangelización hecha en el pasado, ni de un evangelio distinto. Se trata de anunciarlo con nuevo ardor, nuevos métodos, y nuevas expresiones». ¿Cuáles serán entonces los escenarios de esta evangelización? Y ¿qué aporta el Movimiento de los Focolares a esta nueva evangelización? «El documento –responde Vera– trata de estos escenarios en el punto nº 6. La Iglesia pone ante nuestros ojos el mundo moderno. Hace un esfuerzo de comprensión y penetración, no para condenar sino para “habilitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y anuncio del Evangelio. Por tanto es necesario un comportamiento nuevo, que tiene como estilo la audacia”. »El documento indica cinco escenarios: social, cultural, económico, político y religioso. El escenario cultural de fondo, lo que caracteriza a la cultura moderna, es un profundo secularismo, típico del mundo occidental, que a través de los medios de comunicación está penetrando poco a poco en todo el planeta. El secularismo propone una vida personal y social separada de Dios. El premio es la liberación, la posibilidad de imaginar la vida del mundo y de la humanidad sin referencia a la trascendencia. Es la sociedad de la indiferencia, de vivir como si Dios no existiese. La consecuencia es el relativismo: todo está bien y lo contrario también. Pero el secularismo tiene un aspecto positivo: Dios sale de los lugares sagrados; pide encontrarse con el hombre en el siglo, donde vive, trabaja, sufre y busca. También el relativismo tiene un aspecto positivo: nos protege del absolutismo, del fundamentalismo y del corporativismo. »En cuanto al escenario social –continúa Vera–, el documento señala el gran flujo migratorio, como nunca antes en la historia. Se mezclan culturas, costumbres, religiones, y en esto se ve un gran riesgo: “El resultado cultural de estos procesos es un clima de extrema fluidez, donde cada vez hay menos espacio para las grandes tradiciones con su misión de dar sentido a la historia”. A este escenario está ligado el gran tema de la globalización en sus aspectos positivos y negativos. Los flujos migratorios tan intensos y planetarios nos obligan a vivir como una gran familia humana: una aun en la diversidad, una en la multiplicidad. Unidad que se puede enriquecer cada vez más en el intercambio de dones, en el respeto y en el amor. »Sobre el escenario de los medios de comunicación, el documento enumera sus beneficios (mayor posibilidad de conocimiento, de intercambio, de formas de solidaridad) y sus riesgos (exaltación de la dimensión emotiva en las relaciones, concentración sobre el yo, cultura de lo efímero, de lo inmediato). Los medios de comunicación son el gran areópago de nuestro tiempo. Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, hizo de ellos un instrumento de evangelización. Usó todos estos medios para que su carisma de la unidad llegase a todos. Es más, los hizo instrumentos de comunión, de relaciones verdaderas y profundas. »Pasemos al escenario económico. Estamos en plena crisis. Urgen reglas de mercado que disminuyan el desequilibrio entre los pueblos y prestar atención al desarrollo sostenible. La comunión de bienes que ha caracterizado al Movimiento de los Focolares desde sus orígenes, las obras sociales a las que ha dado vida, la Economía de Comunión, auténtica revolución en la concepción de la Economía, son efectos de vivir el Evangelio». Otro escenario es el de la investigación científica y tecnológica. Las metas que la ciencia ha alcanzado son maravillosas y sus efectos en la vida diaria son muchos. ¿Cuáles son los desafíos? «Se pueden convertir en “la nueva religión” –dice Vera–, y se les pide explicación sobre la verdad y el sentido de las cosas. Al no tenerlas, nacen nuevas formas de “magia”. Son nuevos cultos y nuevas prácticas religiosas que se ocultan tras la máscara de la ciencia y de la razón». ¿Cómo vivir como cristianos en estos nuevos escenarios? «Ante todo cultivando la esperanza –responde Vera sin vacilación– y actuando en los lugares del conocimiento y de la experiencia. Dialogando entre todos, debemos y podemos comprender qué compartir, qué se puede asumir, qué se puede transformar o completar para que la esperanza se exprese mejor. »En segundo lugar, tenemos que desarrollar una acción crítica: sobre los estilos de vida, las estructuras de pensamiento, los valores y sobre los lenguajes de la comunicación. Y una autocrítica: nuestro modo de vivir el cristianismo. Debemos conocer lo nuevo y lo bueno que hay para poder acogerlo. »A este respecto dice el documento: “La nueva evangelización nos pide que nos confrontemos con estos nuevos escenarios sin permanecer cerrados en los recintos de nuestras comunidades o instituciones, sino aceptando los desafíos de entrar en estos fenómenos para tomar la palabra y llevar nuestro testimonio desde dentro. Ésta es la forma que asume el martirio cristiano en el mundo de hoy”. Bien, pues esto es lo que Chiara Lubich siempre enseñó. Ella decía de manera aparentemente paradójica: “Si quieres que una cosa caiga, apóyala. Si quieres que caiga una estructura, apuntálala. Si quieres que caiga el consumismo, lleva una vida sobria. Si quieres que caigan ciertos lenguajes, usa el lenguaje del Evangelio”. Cuando llevamos nuestro espíritu a las viejas estructuras, lo hacemos para que caiga lo viejo y se mantenga lo que tienen de bueno, de humano. Y si no hay estructuras, creamos unas nuevas». En definitiva, se trata de proclamar el Evangelio de Jesucristo. ¿Cuál es la aportación del Movimiento de los Focolares en esta proclamación? «La transmisión de la fe, el encuentro con Cristo, se realizan mediante las Sagradas Escrituras, que son Palabra de Dios, y mediante la Tradición viva de la Iglesia. Para dar a conocer a Jesús hay que anunciar la Palabra con la propia vida en cuanto testigos, y en cuanto maestros, con la enseñanza. En el Movimiento de los Focolares, desde el inicio se vive la Palabra de vida. Un escrito de Chiara Lubich que narra episodios de los primeros tiempos del Movimiento dice: “Escrito con divina escultoreidad, [el Evangelio] ofrecía a nuestro ánimo reales ‘Palabras de vida’, palabras que podían traducirse en vida; y ante éstas, incluso las mejores que podíamos leer en libros de piedad parecían aguadas, mientras que las que llenaban nuestros libros de cultura y filosofía se desvanecían. La Palabra de Dios tenía un respiro amplio, con posibilidades de aplicación universal. Tú, yo, blancos, negros, el hombre del primer siglo, el del dos mil, la madre y el diputado, el campesino y el preso, el niño y el abuelo: todo hombre venido al mundo podía vivir la Palabra de Dios, cada Palabra de Dios (…)”». Hablemos ahora de cómo dar razón de nuestra fe, del estilo de la proclamación. «En su primera carta –explica Vera–, san Pedro ya exhortaba a los cristianos de entonces a estar “preparados siempre a responder a quien os pida razones de vuestra esperanza” (1 Pt 3, 15). Se trata de explicar el propio modo de actuar y pensar con dulzura y respeto, pero también con conciencia y convicción. Explicar el comportamiento, la doctrina, la vida de la comunidad, los procesos educativos, la atención a los pobres… exige una gran conversión por nuestra parte. No puedes anunciar sólo con palabras. Éstas deben corresponder a hechos. »El documento precisa: “Ningún proyecto de anuncio y transmisión de la fe puede prescindir de esta necesidad: contar con hombres y mujeres con cuya conducta dan fuerza al compromiso evangelizador que viven. Esta ejemplaridad es el valor añadido que confirma la verdad de su dedicación, del contenido de lo que enseñan y de lo que piden que se viva”. Pablo VI ya había dicho en la Evangelii nuntiandi (n° 41): “El hombre contemporáneo escucha mejor a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, lo hace porque dan testimonio”». Por tanto, el anuncio del Evangelio comienza con la experiencia cristiana. «El primer anuncio –dice Vera– responde a la necesidad de usar nuevas formas para hablar de Dios. Hay que anunciar un Dios que tiene que ver con el hombre, que sale al encuentro de sus expectativas, y poner de releve que Jesús es el don que todos esperamos. Y hay que fiarse del Espíritu Santo para vencer nuestros miedos y lograr ver los lugares, tiempos, caminos y palabras para hablar de Dios. Este anuncio es liberador: Dios es Amor, Dios nos ama inmensamente, Dios te ama inmensamente, es Padre y es misericordia. »Podemos dar testimonio de ello en las estructuras en las que nos encontramos: instituciones políticas, sociales, económicas; grandes metrópolis y ciudades pequeñas; ambientes de trabajo; lugares de cultura e investigación científica… Y podemos dar testimonio en las relaciones sociales: entre generaciones, pueblos, culturas, religiones…». En resumen, ¿cómo concluimos? «Nueva evangelización quiere decir: 1) una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que diseñan las culturas a través de las cuales expresamos nuestra identidad y buscamos el sentido de la existencia; 2) promover una cultura mucho más enraizada en el Evangelio; y 3) descubrir el hombre nuevo que vive en nosotros gracias al Espíritu Santo que nos donan Jesús y el Padre. »Es necesario –concluye Vera– dejarse invadir por el ardor de la predicación apostólica que siguió a Pentecostés. A esto están llamados todos los miembros del Pueblo de Dios, sobre todo como comunidad, y a compartir con el mundo sus ansias de salvación. Dar razón de nuestra fe. Para ello debemos creer que la palabra de Dios vivida, anunciada y testimoniada es la potencia que hará nacer un mundo nuevo, más conforme al designio de amor de Dios. Debemos “ser Jesús”, “vivir Jesús”. En este año, precisamente, todo el Movimiento de los Focolares profundiza con la Iglesia el tema de la Palabra de Dios. Se trata de vivirla con la intensidad que se vivía en los primeros tiempos».


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