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Cultura de la Unidad
Enero - 2012


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Chiara, mi hermana

Oreste Paliotti


Episodios de la vida familiar y de la infancia de Chiara Lubich narrados por su hermano mayor, Gino.

Comenzamos a publicar por entregas fragmentos de una serie de entrevistas realizadas entre 1987 y 1991 a Gino Lubich (1918-1993), hermano mayor de Chiara Lubich (1920-2008), fundadora de los Focolares, con la intención de conocer mejor su personalidad humana y espiritual. –Háblanos de tus padres, del ambiente en tu familia… –Mi padre cursó estudios de formación profesional. Era hijo de un carnicero, al igual que lo era su abuelo y también su bisabuelo, que provenían de Eslovenia. Por aquel entonces Eslovenia formaba parte del Imperio Austrohúngaro, como Trento. Probablemente, ya que en Trento había una fuerte presencia de militares y se requería mucha carne, mis antepasados iban y venían de Eslovenia a la región del Trentino transportando el ganado o la carne, hasta que consiguieron abrir un par de carnicerías. Mi abuelo no era propietario de ninguna, sino que trabajaba para un pariente suyo. Para salir de ese ambiente, mi padre se orientó a ser tipógrafo y llegó a ser compositor jefe del periódico Il Socialismo, cuyo redactor jefe era Benito Mussolini. (…) Trabajando en Il Socialismo mi padre conoció a una de las cinco o seis mujeres compositoras del periódico, cuyo apellido era Marinconz, la cual con el tiempo sería mi madre. También ella, al acabar la escuela elemental, había estudiado formación profesional. Su padre, que lucía una barba patriarcal, era originario de Coredo, un pueblo de Val di Non, en la provincia de Trento. En vez de trabajar en el campo, se trasladó a Trento, donde inauguró el servicio de coche de plaza (1) –el número 1–, con el que llevaba a los viajeros desde la estación hasta sus casas –en aquel momento existían pocos carruajes de éstos–. Llevaba una vida más bien precaria. Después casarse, papá se marchó a la guerra. Yo nací en 1918 cuando él aún estaba bajo las armas, antes de que Trento pasase a ser italiana el 3 de noviembre. Por lo tanto, mamá tuvo que sufrir sola todas las precariedades de la guerra en una ciudad que estaba prácticamente en el frente, y consiguió eludir el traslado masivo a Bohemia y a Moravia, cuando se temió que Trento sería ocupada. Mientras tanto papá estaba en Galitzia, que entonces formaba parte de Polonia. Tras ser herido, durante un mes estuvo pasando de un hospital a otro, primero en Budapest y luego en Innsbruck. Cuando mamá consiguió hacerle llegar la noticia de mi nacimiento, obtuvo un permiso de varios días y vino a verme. Luego volvió a ingresar en el hospital militar, donde permaneció hasta que acabó la guerra, porque ya no fue posible enviarlo al frente. Al acabar la guerra, ninguno de los dos volvió a trabajar en la imprenta: mamá porque estaba a punto de dar a luz a Silvia (2) y papá porque se le había presentado la oportunidad de trabajar como comerciante, actividad que le gustaba. Y así puso en marcha un comercio de vinos de cierta importancia: los traía del sur y los exportaba a Alemania. (…) –Hemos oído hablar de la pobreza de la familia Lubich… –Antes de casarse mis padres eran relativamente pobres, porque un operario sólo conseguía sobrevivir. Después de casarse tuvieron una época de bienestar, pero al cabo de pocos años esa actividad vinícola tuvo que cerrar por varios motivos, pero sobre todo porque mi padre rechazó el carnet del partido fascista y ya no consiguió trabajo. Debo confesar que nosotros, los hijos (probablemente también Chiara, pero yo ciertamente), llegamos a decirle: «Pero acepta el carnet; todos lo tienen. Y además es lo que nos permitiría comer». Sin embargo él, por sus principios, no quiso, y por ese motivo fue perseguido. Entre otras cosas, durante el advenimiento del régimen fue agredido por piquetes fascistas. Y ésa fue la causa de que pasásemos la infancia en medio de una gran pobreza, incluso miseria. Había días en que no comíamos y por la debilidad teníamos que quedarnos en la cama en lugar de ir a la escuela. –¿Recuerdas algo de los primeros años de Chiara? –Tengo recuerdos de ella sumamente precoces. Por ejemplo, ese 22 de enero de 1920 (3) yo sólo tenía dos años, pero podría contaros minuto a minuto lo que sucedió, cómo la vi recién nacida. Vivíamos en una casa de la calle Prepositura que daba a la plaza Santa María Mayor. Era un pequeño piso en la tercera planta con una cocina, una pequeña habitación alargada y el dormitorio de mis padres. Chiara nació precisamente en esa habitación alargada, en un momento en que todavía nos encontrábamos en una situación económica bastante llevadera. –¿En qué otras casas vivisteis? –Yo tendría unos doce años y Chiara diez cuando nos trasladamos a la plaza Garzetti, donde está el obispado y se pone el mercado. Era un piso de alquiler entre el bajo y el primer piso, y allí estuvimos tres o cuatro años. Tras los muros de la plaza se encontraba uno de los barrios más miserables de la ciudad, llamado Androne, que desembocaba en una placita en la que había una cocina popular a la que acudían los pobres para comer. Nosotros siempre atravesábamos ese barrio para ir a clase: yo al Instituto Prati y Chiara al colegio. (…) Hacia 1934 o 1935, tras haber acabado yo el instituto, otro traslado: atravesando el puente sobre el río Fersina, nos mudamos a la segunda planta de una casita con jardín en el número 1 de la calle Gota de Oro. Desde ahí Chiara y mi familia fueron a refugiarse al bosque cercano la noche del 13 de mayo de 1944, cuando tuvo lugar aquel terrible bombardeo. –Volveremos a hablar de ese episodio, pero ahora háblanos de la relación entre vosotros dos. –Al ser los mayores, estábamos muy unidos. De hecho, mis padres nos contaban que cuando de pequeños íbamos a la montaña de excursión, siempre íbamos delante de ellos, ella y yo eternamente cogidos de la mano. Pero hablábamos poco. Ella era más bien callada, pero no huraña; al contrario, era vivaz y siempre estaba alegre. Entre nosotros nos gastábamos bromas nuestras: nos hacíamos muecas burlonas, ya sabes, como hacen los niños. Mientras tanto fueron naciendo nuestras otras dos hermanas. En casa era, sin duda, la que mejor se portaba de todos nosotros, que éramos muy traviesos. –Se sabe que Chiara recibió su educación religiosa más bien de vuestra madre. ¿Y de vuestro padre? –Al igual que mi padre, mi madre también venía de un entorno socialista, lo que no le impedía ser religiosa. De hecho, ella mantenía en casa un ambiente de religiosidad a través de muchas cosas: el rezo del rosario, las letanías… Iba por la mañana temprano a misa por su cuenta, pero a nosotros no nos presionaba. Esto habrá influido en Chiara, pero no creo que haya sido determinante. Si no hubiese habido algo más, Chiara habría sido una de las típicas cristianas de Trento, que se comportaban todas igual. Por lo que se refiere a mi padre, creo que era agnóstico, pero no intentaba influir en nosotros en este sentido. Para nosotros fue una figura ejemplar, por su conducta honesta, intransigente frente a cualquier tipo de ilegalidad; nunca quiso tener nada que ver con la dictadura. Yo estaba angustiado por su indiferencia absoluta (al menos aparentemente) hacia la religión y porque no participaba en la vida de la Iglesia. Y tanto insistí que un día lo llevé casi a rastras a una iglesia de frailes, no los capuchinos sino otros, para que se confesase. Le acompañé hasta el interior de la sacristía y luego me quedé fuera. Salió llorando y desde entonces cambió y empezó a ir a misa, pero sin asumir las típicas actitudes del neófito. –¿Es verdad que entre Chiara y vuestro padre había un gran entendimiento? –Sí, y me di cuenta sobre todo cuando volví de la guerra. Ella admiraba mucho a papá. Y cuando dio el paso de dejar la familia para quedarse en Trento tras el bombardeo, fue decisivo el consentimiento que obtuvo de él: si le hubiese dicho que no, ella no se habría quedado. (continúa en el próximo número) 1) Coche de caballos matriculado y numerado con destino al servicio público por alquiler y que tenía un punto fijo de parada en plaza o calle (n.d.t.). 2) Fue bautizada con el nombre de Silvia, mientras que Chiara es el nombre que adoptó cuando en 1943 fue llamada a animar la Tercera Orden franciscana. 3) Fecha de nacimiento de Chiara Lubich.


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