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Febrero - 2008


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Maestros modernos del dibujo

Clara Arahuetes


Exposición

A pesar de que el arte actual ha sobrepasado los límites de lo que se entiende por belleza, sin embargo no ha suprimido del canon clásico la reflexión necesaria para dibujar o diseñar una obra nueva. Y aunque esto se realiza con materiales y soportes distintos, el dibujo sigue siendo imprescindible. Algunos artistas se decantan por la creación plástica directa, instintiva o automática, como ocurre en el expresionismo abstracto, pero el resultado de la pintura reducida a diseño espontáneo es prácticamente puro dibujo. El dibujo, pues, sigue teniendo mucha importancia, incluso ha aumentado, debido a la variedad de materiales y técnicas utilizados. Ya no se realiza solamente con papel y lápiz, pero sigue siendo el proceso mental de una obra de arte. Desde el Renacimiento, el dibujo se identifica con la reflexión previa a la creación. Uno de sus valores es que el espectador percibe la cercanía del artista; es el modo de expresión más inmediato, el más cercano a la inspiración, y por tanto casi nos permite sentir lo que quiere transmitir quien lo ha realizado. Los primeros tratados artísticos se refieren al dibujo como “diseño”, es decir, abarca la invención y la estructura de una obra de arte, no sólo el primer esbozo material. Incluso se habla de la superioridad de diseñar sobre la acción de colo- rear, comparándolo con la diferencia que existe entre el alma y el cuerpo, entre la materia y el espíritu. Además es un proceso mental común a la pintura, la escultura y la arquitectura, y con él se reconoce la sensibilidad, la inteligencia, las emociones, incluso el consciente y el inconsciente del artista. Hasta el siglo XIX el dibujo no fue considerado un arte independiente. Entonces se convierte en un medio artístico en sí mismo, y ello favoreció la aparición de una gran variedad de técnicas y estilos. En la exposición “Maestros modernos del dibujo”, el Museo Thyssen ha seleccionado 71 obras sobre papel de la Colección Abelló, que se pueden ver hasta el 17 de febrero. Las obras pertenecen a los artistas más destacados de los siglos XIX y XX: Goya, Toulouse-Lautrec, Van Gogh, Gauguin, Picasso, Miró, Freud o Warhol. A través de las obras podemos seguir la evolución del dibujo durante los dos últimos siglos, haciendo hincapié en los artistas españoles. La mayoría de ellos tuvo una resonancia internacional indiscutible, como en los casos de Picasso, Juan Gris, Julio González, Óscar Domínguez, Dalí o Joan Miró. Se inicia la exposición con un retrato a lápiz de la mujer de Goya, Josefa Bayeu, realizado en 1805. No podía faltar el pintor aragonés en esta muestra, pues con él se inició el arte contemporáneo y es su mejor precursor, sobre todo con su obra gráfica. Una de las obras más importantes es “Bañista secándose” o “Después del baño” (1895), de Degas; es un magnífico ejemplo de la revolución que supuso la liberación de la fidelidad anatómica en la representación del cuerpo. En esta obra la densidad del color sumerge a la figura en una atmósfera cálida, casi oriental. Si la comparamos con “Joven arreglándose el pelo” (1939) de Matisse, vemos la vitalidad abstracta del trazo que vibra alrededor de los contornos, alejándose cada vez más del modelo natural. Egon Schiele llega todavía más lejos en la desfiguración del modelo con “Mujer en cuclillas” (1917), y en la destrucción de la anatomía en el dibujo moderno en la obra de Picasso “La joven que no duerme” (1941). Como ejemplo de los dibujos con pintura, está la aguada de Manet “Mujer recostada” (1862-1863), cuya postura sigue el modelo de la “Venus de Urbino” de Tiziano. Las delicadas veladuras grises de la tinta envuelven a la figura. Por su parte, Gauguin utiliza el lápiz en “Tahitiana de espaldas” para delimitar los contornos de manera muy delicada. Los impresionistas fueron los primeros impulsores del dibujo como creación autónoma, lo que no deja de ser paradójico, pues este movimiento utilizó el color como elemento esencial de sus obras. De Vincent Van Gogh se expone una magnifica “Cabeza de campesina” (1884-1885), donde el pintor consigue el volumen con un denso rayado que le da una fuerza extraordinaria. La obra pertenece a la época en la que el pintor realizó decenas de dibujos de rostros y bustos de campesinos a lápiz y pluma, que culminaría en la obra “Los comedores de patatas”. Van Gogh es además un buen ejemplo de otra dimensión del dibujo, que se da cuando se utiliza la línea dibujada o una mancha de tinta como componentes que trascienden la división entre lo lineal y lo pictórico. Toulouse-Lautrec deja testimonio con sus dibujos de todo lo que sucede a su alrededor. Son apuntes rápidos de caballos y jinetes, en los que capta con un solo gesto el movimiento y la fisonomía. La línea parece no terminar nunca en los croquis de Pierrot que hace Bonnard. Con el cubismo, la disyuntiva entre línea y color pasa a un segundo término; lo más importante es incluir la estructura del objeto dentro del plano pictórico. Y a fuerza de analizar lo que se quiere representar, ya sea una persona o un objeto, la obra se convierte en algo enigmático. Así sucede en las obras de Picasso “Mandolina” (1911) y “Personaje cubista” (1914-1915). También se exponen obras de Juan Gris y María Blanchard. Por su parte, Dalí, en “Retrato de su padre y de su hermana Ana María” (1925), consigue con el dibujo zonas planas y otras modeladas que delimitan claramente y dan volumen a las figuras, consiguiendo un dibujo que podríamos llamar clásico. Del surrealismo, la colección Abelló tiene obras de Miró, Dalí, Óscar Domínguez, Giacometti, Balthus… Los trazos de Joan Miró y Pollock no delimitan los contornos, sino que marcan el movimiento, como vemos en la obra “Homenaje a Picasso” (1972) de Miró. Asimismo están representados los dibujos sobre papel de varios escultores, como Julio González, figura clave de la escultura del siglo XX con sus obras en hierro, que él mismo denominó “dibujo en el espacio”, como “Desnudo atormentado”. En contraste con este dibujo está “Mujer desnuda de pie” de Brancusi, por su simplificación esquemática. Finaliza la exposición con obras de la segunda mitad del siglo XX: “Katia leyendo” (1969) de Balthus, “Cabeza apoyada” (1947) de Lucian Freud y “Retrato de Jean Coc-teau” (1980) de Andy Warhol. Recorriendo la muestra, hemos visto que, en su historia a lo largo del tiempo y todavía hoy, el dibujo es esencial en la identidad de la creación artística. clara.arahuetes@telefonica.net


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