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Febrero - 2008


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Por la familia cristiana

Antonia Contreras


30 de diciembre El calendario litúrgico señala cuál es el día indicado para celebrar la familia cristiana y, por qué no, para reivindicar más atención por parte de las autoridades.

Ya corrían los días de noviembre cuando algunos responsables del Camino Neocatecumenal contactaron y reunieron a responsables y representantes de diferentes movimientos y asociaciones eclesiales activos en España. Les apremiaba transmitir su preocupación por la familia. Ellos mismos, los neocatecumenales, habían sido promotores de una gran manifestación en favor de la familia en Roma, allá por el mes de mayo, y querían proponer algo similar aquí; por eso requerían el parecer de los convocados. Evidentemente, conociendo la situación de la familia hoy, todos estuvieron de acuerdo en promover el acto. Una fecha apropiada: el 30 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia. En su alocución a la hora del ángelus, el Papa podría dirigir unas palabras a los participantes en la manifestación. ¡Pero quedaba tan poco tiempo para los preparativos! Poquísimo tiempo, sí, pero todos los que estaban metidos en la organización del evento no dudaron en arremangarse. El objetivo de la jornada iba tomando forma: celebrar el día de la Sagrada Familia mediante una gran concentración, una gran fiesta. La iniciativa fue respaldada desde un principio por el cardenal de Madrid, que volcó toda la capacidad de su diócesis en organizar el acto. Después se fueron sumando otros cardenales y obispos. Todos hemos sido testigos del resultado... y de la polvareda que ha levantado en los medios de comunicación. El día 30 amaneció espléndido. Aunque hacía frío, el sol parecía querer sumarse a la fiesta. Nos pusimos todos en camino hacia la Plaza de Colón, también nuestros hijos jóvenes y adolescentes, que quisieron participar en esta original convocatoria para «toda la familia». Llegamos en tren con una hora de antelación. Al salir de la estación de Recoletos, nos sorprendió la cantidad de gente ya congregada. Frente al gran escenario, a nuestro alrededor, numerosos carteles indican los lugares de procedencia de toda esta gente. Había familias que habían llegado desde bien lejos, con sus hijos grandes y pequeños, en los carritos, los abuelos, los tíos... ¡Caramba!, esto está superando todas las expectativas. Los organizadores dirán luego que ha habido un millón y medio de participantes, pero mi impresión es que somos una “única familia”. Armonía, recogimiento, alegría, aire de fiesta. Cada intervención en el escenario pone de relieve la realidad en la que la familia vive hoy y al mismo tiempo se ve la esperanza, la fuerza y la potencia que tiene la vida de la “familia cristiana” para la Iglesia y como fundamento de la sociedad. Especialmente emotiva la conexión en directo con el Papa a la hora del ángelus. Parecía estar aquí mismo, con nosotros. No menos emotivo el recuerdo de Juan Pablo II, que se refrescaba gracias a algunas intervenciones suyas grabadas, en las que trababa el tema de la familia. Me atrevo a decir que escuchábamos con tanta atención que nadie osaba romper ese clima sagrado. Al final, teníamos la sensación de haber vivido un “momento histórico” para la Iglesia y la sociedad españolas. De hecho, quiero corroborarlo con los comentarios de otros participantes: «Allí, en medio de la plaza, me sentía feliz de pertenecer a la gran familia de los cristianos, la Iglesia. Hemos vivido un momento importante como Iglesia y como sociedad. Es necesario que los cristianos demos testimonio de nuestra fe y de los valores que dan sentido a nuestra vida». «Ha sido un gran testimonio de que la familia cristiana puede ser luz en esta “noche” y que la familia es la esperanza de esta humanidad tan atormentada». «El mensaje de Chiara habla de cómo ve Dios a la familia y el papel que tiene ésta en la construcción de la sociedad en cada momento de la historia. Me tomo el empeño personal de abrir mi casa y mi corazón a los dramas de la humanidad». «Viendo cuántos éramos, he tomado más conciencia de la responsabilidad que tenemos (...) Si somos lo que debemos ser, seremos sal y levadura en la masa, seremos el “alma” de muchos cristianos y personas de buena voluntad». «Ha sido un encuentro maravilloso y conmovedor. Una vez más hemos descubierto el amor que Dios nos tiene. Hemos visto la continuación de la familia de Nazaret porque, a pesar de las dificultades, la familia es algo grande. Gracias a todos aquellos que han intervenido porque me han hecho vibrar». RECUADRO Palabras desde el escenario Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española: «Cuando se califica como “tradicional” a la familia, da la impresión de desacreditarla, contraponiéndola a la familia moderna. La familia es “tradicional” porque ahonda sus raíces en la misma naturaleza humana, que es antigua y nueva a la vez». Kiko Argüello, responsable del Camino Neocatecumenal: «¡Gracias por haber venido! Vosotros sois el testimonio de que no es verdad que todos se separan. Tenemos que ayudar a la familia en toda Europa». Julián Carrón, responsable de Comunión y Liberación: «Sólo escogiendo a Cristo es posible que la relación mas bella de nuestra vida, el amor entre los cónyuges, no decaiga». Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio: «En un mundo donde todo se compra y se vende, donde todo es “precario” la familia es el espacio de la gratuidad: algo escandalosamente gratuito, pero no precario, porque está fundada en la fidelidad del amor. El mundo necesita más familia porque necesita más gratuidad». RECUADRO Benedicto XVI Saludo a los participantes en el encuentro de las familias que se está llevando a cabo en este domingo en Madrid (...). Al contemplar el misterio del Hijo de Dios que vino al mundo rodeado del afecto de María y de José, invito a las familias cristianas a experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas. Asimismo, los aliento a que, inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, den testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia. Ésta, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural. Por eso, los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana. Vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios. Me dirijo de modo especial a los niños, para que quieran y recen por sus padres y hermanos; a los jóvenes, para que, estimulados por el amor de sus padres, sigan con generosidad su propia vocación matrimonial, sacerdotal o religiosa; a los ancianos y enfermos, para que encuentren la ayuda y comprensión necesarias. Y vosotros, queridos esposos, contad siempre con la gracia de Dios, para que vuestro amor sea cada vez más fecundo y fiel. En las manos de María, que con su “sí” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios, pongo los frutos de esta celebración». RECUADRO Mensaje de Chiara Lubich Cuando Dios creó el género humano plasmó una familia. Cuando el autor sagrado quiso manifestar el ardor y la fidelidad del amor de Dios por el pueblo elegido, se sirvió de símbolos o analogías familiares. Cuando Jesús se encarnó, se rodeó de una familia, y cuando comenzó su misión en Caná, estaba en la boda de una nueva familia. Son sencillas constataciones que revelan lo importante y valiosa que es la familia en el pensamiento de Dios. Él no sólo le ha dado una gran dignidad, sino que ha querido que sea “a su imagen”, entrelazándola con el misterio de su misma vida, que es Unidad y Trinidad de Amor. Por lo tanto, un gran designio sostiene a la familia y la pone tras las huellas de la Santa Familia de Nazaret. La familia, ámbito de un amor que va y vuelve, de comunión, de fecundidad y ternura, es signo, símbolo y modelo de cualquier otra forma de humanidad asociada. No es retórico afirmar que la familia es el primer bien social. Con la gratuidad cotidiana que da sentido y valor a sus funciones de generación y educación, la familia introduce en el tejido social ese bien insustituible que es el capital humano, situándose así como recurso eficaz de la humanidad. Pero no sólo esto. La familia sabe abrir la casa y el corazón a los dramas que sufre la sociedad y sabe llevar el calor familiar allí donde las estructuras e instituciones, aun con toda su buena voluntad, no pueden llegar. Y si grande es su designio, igualmente grande ha de ser el compromiso para realizarlo. Hoy más que nunca vemos que la familia manifiesta su fragilidad al mundo. Vemos esposos que, ante las primeras dificultades de la vida de pareja, dejan de creer en el amor que se tenían. Vemos hijos que, privados de la cercanía de unos padres unidos, encuentran dificultades para alzar el vuelo hacia un futuro comprometido. Vemos ancianos que, alejados del núcleo familiar, han perdido su ciudadanía y su identidad. Hoy más que nunca la familia tiene que ser amada, protegida y sostenida. No hay que dejar de acudir al designio originario de la familia, que la ve unida con un “para siempre” que la consolida y la realiza. Es necesario llenar de significado la vivencia familiar con una espiritualidad de comunión, inherente a la familia, pequeña comunidad de amor. Son necesarias corrientes de opinión fundadas en valores así como políticas familiares adecuadas. Éste es el ardiente deseo que pongo en las manos de María Santísima, sede de la sabiduría y ama de casa, para el bien de la familia hoy y para la realización de toda la familia humana. RECUADRO Gobiernos “desatentos” Tres preguntas a Alberto Friso, del centro internacional de Familias Nuevas. –¿Cómo son las actuales políticas familiares en Europa? –Varía de un estado a otro, pero podemos poner algunos ejemplos. ¿Cuánto percibe en concepto de asistencia una familia con dos hijos? En Luxemburgo son 611 euros al mes, en el Reino Unido 270, en España, Italia, Portugal y Grecia en torno a los 50, y en Polonia sólo 22. También en este último país se ha producido una caída en la tasa de natalidad, que se sitúa en 1,23 hijos por mujer. Otro parámetro: ¿qué porcentaje del PIB (producto interior bruto) se destina a ayudar a la familia? En España es el 0,5%, en Italia el 1%; la media europea es del 2,1%, pero Francia y Alemania superan el 4% y los países escandinavos llegan incluso al 6%. Dado que Italia, España y Portugal son los países cuya tasa de natalidad no da ni para garantizar que se mantenga el nivel de población actual, se deduce que allí donde el estado es “desatento” con la familia se produce una falta de confianza en el futuro y disminuyen las ganas de transmitir la vida. –¿Cuáles son esas “desatenciones” de las que usted habla? –La lista sería larga, pero voy a dar sólo unos títulos. Las tarifas del agua, la luz, la recogida de basuras...: quien tiene más hijos, consume más y paga más. Las guarderías públicas: los niños nacidos en situaciones de convivencia irregular son considerados hijos de madres solteras y tienen preferencia para obtener plaza, luego indirectamente se está penalizando a la familia. La fiscalidad: en general no tiene en cuenta el número de personas que viven de las entradas del o de los padres trabajadores. La casa: muchas familias en potencia no la encuentran, y para las que tienen varios hijos resulta pequeña y muy cara. Trabajo: siempre son las familias las que tienen que adaptarse al ritmo de la empresa, y no al revés; en el norte de Europa el part-time es un derecho normalísimo, pero en el sur suele ser una concesión e incluso un privilegio. Asignaciones familiares: son escasas y no llegar a constituir una verdadera ayuda. –¿Qué habría que pedirle entonces a los gobiernos? –Pues políticas sociales más audaces y comprometidas con la familia. El año pasado Familias Nuevas presentó a un gobierno regional italiano una “petición para una nueva política familiar” que proponía dieciocho formas de intervención, innovadoras en su forma y contenido. Y no hay que darle muchas vueltas, basta repasar la lista de “desatenciones” que hemos visto antes.


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